«Los Pisos Rojos»

“Los Pisos Rojos”
Antonio Barrantes Lozano
Las cosas pasan, pero no pasan del todo, mientras queden en la memoria, perduran en el recuerdo.
No se si fue esta la intención de J.J. Guisado que le llevó a plasmar la demolición de los llamados “pisos rojos”. Selecciona entre mas setecientas instantáneas y se queda con unas pocas que ha exhibido en el Sala “Rufino Mendoza” durante el pasado mes de marzo. Hace tiempo que conozco a Jesús Javier, y me consta su experiencia contrastada con la cámara; con la que siempre busca ir más allá de la imagen, de la instantánea o el suvenir. Un enfoque, una luz, unas sombras, algo que delate, que aporte al espectador más que lo meramente figurativo. Una reflexión.

Foto: JJGuisado

Foto: JJGuisado

Aquí muestra los rostros de los personajes haciéndoles trascender de su papel representativo, transporta al espectador a los primeros años del siglo pasado, a la época del escritor. Sobre un fondo tenebrista, que nos lleva a pensar en los más célebres retratistas del siglo de Oro, las caras trascienden de su propia realidad y nos llevan a lo que su ficción representa.

Evocación y reflexión, quizá sea esto el fundamento y sentido del arte de la fotografía, al menos es a lo que nos invita J.J. Guisado.
No deja de ser un atrevimiento que Guisado fotografíe la demolición de un pauperizado edificio. ¿Qué buscaba entre los escombros?
Por humilde que sean las personas, por humildes que sean sus cosas, también tienen su historia. Quizás por su humildad hubo que derruir 112 viviendas, sí, de otro tiempo, pero no de un tiempo lejano. Los “pisos rojos” también tienen un pasado, una razón de ser. En esas 112 viviendas nacieron, vivieron, gozaron, sufrieron y murieron los que las habitaron. Quizás J.J., con su trabajo, nos quiera hablar de ello.
Los que conocimos el espacio que hoy dejan cuando eran eras y olivares y vimos a los edificios levantarse, reconocemos en la demolición una época ya superada. No obstante quedan insertados de pleno derecho en la historia de nuestra ciudad.

 Foto:JJGuisado

Foto:JJGuisado

A finales de los años 50 del siglo pasado se emprendió un ambiciosa proyecto urbanístico que comenzaría con la entonces denominada “Plaza de Onésimo Redondo” o “La Laguna”, que culminó con lo que es hoy la “Plaza de Conquistadores”; como complemento a dicha urbanización se planteó, por los ediles del momento, la construcción de una serie de viviendas en una zona a urbanizar en el ejido o eras de Santiago y para ello se emprende el proceso de expropiación de 46.983 m2 del espacio comprendido entre la “Calleja de Santiago”, el “Camino de Santa Ana” y la “Carretera de Circunvalación”. Fueron las intenciones iniciales del proyecto el trazado de dos amplias avenidas que comunicarían con la remodelada “Plaza de los Conquistadores” “ “la más moderna y espaciosa de la ciudad” a decir de los documentos oficiales. Una de ellas partiría el espacio en dos, la actual “Avda de los Conquistadores” y conectaría con la referida Plaza. Abriendo la visión desde la que hoy conocemos como fuente de las “Víctimas del Terrorismo” al “Obelisco”. Aquí en este nuevo ensanche irían, según las intenciones iniciales, ubicadas viviendas unifamiliares para labradores, que nunca se hicieron, y viviendas para funcionarios, oficinistas y productores de la industria, en dos bloques de cuatro plantas, que son estas de las que nos queda el recuerdo de su demolición.

Foto: JJGuisado

Foto: JJGuisado

La exposición, que ha sido acompañada de un estupendo fotolibro, nos retrotrae a nuestra historia inmediata, fueron los primeros bloques que se construyeron en Villanueva, y nos lleva a ese tiempo que dejamos atrás, simbolizado por la placa, con su símbolo, del Ministerio Nacional de la Vivienda, caído entre los escombros. Bella metáfora de lo que el trabajo pretende. La supremacía de la máquina destructora, la ventanas descarnadas y el detritus conviven con el balón roto o el cuaderno escolar olvidado, la huella que el paso del hombre va dejando en las cosas. La pintada, como mensaje efímero, el rostro de sus últimos habitantes, nos dicen algo más que un momento simplemente gráfico. Es el atrevimiento de andar entre escombros buscando el lado humano que parece que flota entre lo que se destruye.
Me quedo con los últimos versos de Lourdes Guisado que abren al libro fotográfico:

Cuando las aves emigren, por las adversidades del tiempo

y el pájaro vea caer su nido

ahogado el canto no habrá sido

pues resurgirá con el recuerdo.

abril 2016

 

 

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