Noviembre

diciembre 1, 2022

Noviembre

 Antonio Barrantes Lozano

Noviembre, te pintan gris, triste, mes otoñal con olor a fruta madura, con destellos de sol suave que acaricia la gastada piel por los años, cuando  los árboles de la ribera se desprenden de sus hojas verdes y las cambian por otras, ocres, naranjas y doradas, dotándoles de una belleza fugaz,  evocadora del inevitable invierno, también del nuestro,  porque  “nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar…”

 Noviembre nos lleva a honrar a los que se fueron en esta sucesión perpetua que es la vida, a los que nos preceden en aquel mar que engulle a todos, padres, hermanos, amigos que un día fueron felices y nos hicieron felices, por eso vamos al cementerio; “Corral de muertos”, los llama Unamuno: “Corral de muertos, entre  pobres tapias hechas también de barro…”   Lugar de descanso de nuestros ancestros, muy respetado y adornado con el halo de lo sagrado, por eso lo llamamos también “Campo Santo”.

Allí vamos en noviembre, a depositar una flor, también efímera, como efímero son los recuerdos que el tiempo acaba difuminando  mientras vemos “como  se pasa la vida, como se viene la muerte…”

Los cementerios ahora son municipales, pero no siempre ha sido así.

Sabemos y de ello tenemos constancia escrita que a finales de siglo XVIII anduvo por el Partido de la Serena el Magistrado Cubeles, mandado por la Real Audiencia de Cáceres a fin de dar cumplimiento a la Orden del Gobernador  del Consejo de Carlos IV, el Excelentísimo Señor  Conde de  Campomanes,  interesado en conocer la realidad de la provincia de  Extremadura a través de un extenso Interrogatorio de cincuenta y siete cuestiones  que abarcaba los aspectos sociales, económicos, demográficos, administrativos, religiosos y usos y costumbres de las distintas poblaciones.

Llama la atención y nos alumbra el caso que nos ocupa, la cuestión número diecinueve que se interesa por  saber “si hay cementerios, o necesidad de ellos y lugar donde cómodamente se puedan hacer”.

El citado Magistrado  nos afirma que, en Villanueva, no hay cementerio, ni necesidad de ello, por ser el sitio  suficiente y que los hálitos desprendidos de las miasmas pestíferas no son apreciables ni perjudiciales, como lo demuestra que vecinos de las casas más próximas se han enterrado después de haber cumplido setenta u ochenta años incluso alguno de ciento y actualmente vive alguno que se acerca a los ochenta.

Que se incluyera en el amplio interrogatorio el interés de la existencia o no de cementerios, pudiera parecer capcioso, si no fuera porque  lo que se perseguía era saber el grado de cumplimento de la Real Célula de Carlos III de 1787 en la que se instaba a acabar con la ancestral costumbre de los enterramientos en las Iglesias o su entorno inmediato. No fue una decisión caprichosa, una terrible epidemia, al parecer de fiebres tifoideas, se desencadenó en la Villa de Pasage en 1781 que se llevó al 10% de la población debido a las emanaciones propias de la acumulación de exhumaciones en sitios cerrados, por lo que, después de años de elucubraciones,  ve la luz la decisión Real que obliga a un entendimiento de la Iglesia con los Procuradores municipales con el fin de buscar un sitio idóneo lo suficiente alejado de las poblaciones para situar los cementerios.

A pesar de las razones aducidas por la autoridad Real, la Orden no fue de fácil acatamiento  y menos aún aceptada por la población, tan arraigada a sus tradiciones, negándose a enterrar a sus deudos en los nuevos cementerios y casos se dieron que optaron a hacerlo en las parroquias vecinas donde aún no los había.

 En Villanueva, como constató el Magistrado, cuatro años después la Orden no se cumple, e incluso  justifica  su falta alegando que no hay necesidad de ello.

Era lugar de enterramiento de los villanovenses el suelo de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción y el espacio exterior a su fachada sur.  El interior era reservado a la “gente principal” más próximo al altar cuanto más “principal”, e incluso algunos erigieron su propia capilla que adornaban con sus armas. Al pueblo llano le estaba reservado el espacio exterior, al que se accedía por la puerta llamada “Chica”, era el osario, término   que dio nombre a la zona  que se  extiende por la fachada sur y saliente hasta la esquina adornada con el relieve de las Ánimas.

Entrado ya el siglo XIX con el aumento de la población y el número de decesos no hubo otra opción que acatar la muy razonable  Célula de 1787; conscientes de ello nuestros dignatarios abren expediente en 1822 para formalizar una nueva ubicación donde puedan descansar los extintos villanovenses.  El procedimiento se alargó  algunos años hasta que al fin se considera que el lugar idóneo sería un predio próximo al Charco del Bicho, en el arranque del Camino llamado del Cuervo, en el punto noroeste de la población. Y así se hizo. Años más tarde, D. Julián Escribano  solicita levantar, anexo a la fachada sur del mismo, un panteón familiar para el descanso de su hija, recientemente fallecida, reservándose el derecho de enterramiento para sí mismo y su esposa. Después de los trámites preceptivos, tanto administrativos como eclesiásticos, la ermita se termina en el año de 1893. Aunque era de carácter privado,  constaba con un amplio espacio interior para oficios religioso, que se ofrecía a todos los villanovenses para poder dar  con mayor solemnidad el  último adiós litúrgico a sus finados evitando hacerlo en la calle como era costumbre.

Este que conocimos como Cementerio Viejo fue incautado por las autoridades republicanas en 1932, a raíz de la ley de 31 de enero del mismo año, que proclama la secularización de los cementerios.

La orden se ejecutó el 22 de marzo como consta en un oficio en el que se comunica la decisión al entones Párroco de la Ciudad, D. Matías Romero.

La Orden en cuestión llevaba implícita la prohibición de los entierros confesionales si no existía un documento previo  con el consentimiento expreso  del finado. La medida tuvo fuerte contestación y no sólo entre la comunidad de creyentes, la tradición está tan arraigada que incluso  las clases populares sintieron que se les arrancaba algo, lo que provocó protestas y el consiguiente desorden público.

Clausurar el Cementerio Católico no fue tarea sencilla para las autoridades del momento; la misma Orden de 31 de enero, obligaba a los ayuntamientos  a dotar a la ciudad de un nuevo cementerio civil en el plazo de un año. La labor encomendada resultó ser escabrosa, pues se carecía de los terrenos necesarios y del informe sanitario favorable y ajustado a la legislación específica para este tipo de obra. El proceso  se demoró durante años, y no fue hasta junio de 1936 cuando se envía el  expediente al Gobernador Civil solicitando permiso de apertura. Los sucesos históricos que se desarrollaron en España en julio de 1936 paralizaron el procedimiento  hasta el final de la guerra civil  que es cuando el cementerio, llamado nuevo,  comenzó a cumplir con su cometido. Y hasta ahora.

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Los pajaricos sueltos

septiembre 26, 2022

“Los pajaricos sueltos”

Antonio Barrantes Lozano

Ahora como viene ocurriendo todos los meses de septiembre, los niños vuelven a la Escuela. Hoy me he cruzado con un grupo de ellos  y  me han traído a la memoria aquellos años cuando yo principiaba en las letras. Años difíciles, todavía en algunos chineros se guardaban restos de lo que fueron las cartillas de racionamiento. Es tanta la distancia en el tiempo y en la forma que resultaría baldío comparar una escuela con la otra. No es el caso, aunque ambas tangan algo en común.  La escuela siempre ha sido el reflejo del tiempo y la sociedad de su momento.

Todos de nuevo; con sus mochilas repletas, con ilusión y no sé si con sus cabezas también repletas caminaban a su escuela. Al verlos me ha venido a la memoria unos versos del murciano Vicente Medina, que como diría nuestro recordado poeta  Luis Chamizo, aprendí “cuando nuevo”.  “No mandes a los nenes a la escuela /Porque no la han abierto / y está, si el Señor no hace un milagro,/  cerraica pa` tiempo…”

El secreto para que estos versos me lleven a aquellos gozosos años de mi escuela es difícil de descifrar, será, como les pasa a muchos, los años de la infancia vuelven con sus mejores recuerdos, evocarlos a mí mismo me sorprenden; quizá fue ver esas mochilas que hoy portan los niños,  libros, cuadernos  trimestrales, estuches y algún que otros artilugio electrónico me hicieron pensar en lo livianas que llevábamos las carteras los niños de mi tiempo. Una pizarra, sí pizarra de pizarra, con su trapo en el ojal, un cuaderno de dos rayas, un plumín… y poco más. Ah!. Se me olvidaba, las más chicos, su cartilla “Rayas”, con la que un montón de generaciones aprendimos las primeras letras, basadas en un método que hoy llaman silábico, el de “ la m con la a ma” o “la t con la e te”. Los mayores, mientras iban cogiendo soltura en las cuatro reglas, cargaban con la enciclopedia, estratificada en grados, que es lo que la Ley  exigía.

¡Ah! La Enciclopedia, que bien estaba estructurada como compendio de todos los saberes. Luego hablaremos de la enciclopedia.

 En Villanueva había dos edificios dedicados a escuelas. El edificio del Cristo, próximo a La Laguna y el de la Cruz del Río. Este más moderno, se construyó en la época de Primo de Rivera, a finales de los años veinte del pasado siglo. El mismo presidente del Gobierno se acercó a Villanueva a su inauguración, por eso se llamaba de “Primo de Rivera”.  “El Cristo”, era más antiguo, aquí cuando se  aplica un  comentario peyorativo a la edad de una persona, se le dice que es más viejo que la “Escuela Cristo”. El edificio fue un antiguo hospital para los pobres de la ciudad, más tarde allí se instaló “La Venerable Orden de La Escuela de Cristo”, que era una institución religiosa, de ahí viene su nombre. El edificio, después de hacer estas y otras funciones se utilizó como escuela.

El  concepto de aula no se utilizaba,  cada espacio se nominaba con el nombre del maestro que lo regentaba, así escuela de D. Atanasio, D. David, D. Luis o Doña Matilde…También había maestras que ejercían en sus casas, Doña Victoria o Doña Sacramento, y allí impartían la docencia. Las autoridades lo consienten,  sabedores de las dificultades para dotar de edificios que acogieran a toda  la población escolar  y  así lo recogía la propia Ley. Eran las escuelas llamadas de  balde que es a la íbamos la gran mayoría.

Lo que hoy llamamos dotación o sea: calefacción, ordenador, pizarra electrónica o calculadora, para los escolares de mediados del siglo pasado  y bastante posteriores le escuela era algo más austera. Un edificio con alguna ventana, a la que casi siempre la faltaba algún cristal y que invierno se  remediaba con un cartón, un brasero de picón, una pizarra amplia, eso sí, incrustada en la pared central y a los lados colgaban varios mapas: de España, Europa, América… Todos reversibles. Por un lado político por el otro físico. Como estaban frente a nosotros, en nuestras distracciones leíamos las provincias de España, ¡con qué alegría descubrimos que Badajoz era la más grande!, el Mulhacén, orgullo de pico, el más alto de la Península, de la Península porque de España es el Teide, que en esto el maestro era muy exigente.  Y así mirando durante todo el periodo escolar aprendimos de geografía y aprendimos los ríos de España, desde el Miño, que moría haciendo frontera con Portugal hasta el Turia y Segura que vierten sus aguas al Mediterráneo. Como en la clase convivíamos niños entre 6 a 11 o 12 años, el  maestro con los mayores repasaba la geografía nacional y los demás, los pequeños de oír las indicaciones también aprendían donde estaba el Aneto,  el macizo de la Maladeta, la Mujer Muerta o la sierra de la Demanda o Despeñaperros; otra de las ventajas de aquella escuela es que al ser unitaria, muchas actividades eran conjuntas, de chicos y grandes, como por ejemplo la tabla de multiplicar. Los mayores, cantaban  aquello de ¡cinco por cinco veinticinco!, a los demás, de oírlo, acaban sonándoles la música. No puedo poner en claro cómo se apañaban los maestros con tanta diversidad. Los recursos eran escasos, tan magros como el sueldo del docente que sus cuentas tendría que echar para mantener a su familia; pero sí, en aquella escuela prodigaba el milagro de aprender.

 El sistema educativo primario estaba regulado por la Ley del 18 de julio de 1945. Que pretende “dotar de una sólida estructura administrativa a la noble misión de enseñar”.

En el artículo 37, nos desgrana los grupos de conocimientos: Instrumentales, formativos y complementarios.

Dentro de los conocimientos formativos entendiendo estos los que constituyen la base de la Educación Moral e Intelectual, se especifica: La formación Religiosa, La Formación del Espíritu Nacional donde se incluye la Geografía e Historia, fundamentalmente de España, la Formación Intelectual y la Educación Física.

Y como estos contenidos había que organizarlos en “ plan cíclico”, de estructurarlos se encargó la enciclopedia. Una era llamada de “Dalmau Carles” que se  quedó obsoleta cuando apareció la “Enciclopedia Álvarez”, que se sigue reeditando para satisfacer a los nostálgicos.

Viendo sus ilustraciones conocimos a Indíbil y Mandonio y a Viriato, bravos caudillos hispanos, que lucharon contra los invasores  defendiendo a su pueblo. La palabra Caudillo era una constante en aquella escuela, no general ni jefe, si no ¡Caudillo!

Mantengo en la retina un esquemático dibujo. Era Constantino, el emperador romano, y sobre el horizonte una cruz con una aureola “CON ESTE SIGNO VENCERÁS” y Constantino dejó de perseguir a los cristianos y su madre Santa Helena encontró la Cruz de Cristo. Y los Reyes Católicos y el Gran Capitán y Cristóbal Colón y Carlos I de España o V de Alemania y Felipe II, en cuyo imperio no se ponía el sol. Y la gloria de nuestros Héroes Extremeños. La Historia la aprendimos con algunos saltos en el tiempo, “no serían interesantes”,  y culminaba en nuestros días realzando la labor oportuna de nuestro Caudillo, que presidía, en buen formato, la clase, a la derecha del crucifijo, la izquierda estaba reservada a José Antonio, al que se veneraba porque había sido asesinado y nos dejó su doctrina. Por eso algunas veces cantábamos el “Cara al Sol”, aquella canción que no entendíamos muy bien cuando decíamos “imposible el alemán”.

Como la enciclopedia convivía con nosotros varios años, nos familiarizamos con ella y sus gráficos se graban en la memoria, y leímos las biografías de españoles ilustres, como la de Isaac Peral o de Don José Mª Pemán, conmemorábamos el día del estudiante caído o el 20 de noviembre, y conocimos a D.  Manuel Machado, en aquel poema tan emotivo: Nuestro mayor héroe, el Cid que pide agua a una pobre niña, que con lágrimas en los ojos se la niega por temor al rey, D. Rodrigo, todo  un caballero, se apiada y manda a sus huestes continuar. “Polvo, sudor y hierro. ¡¡El Cid cabalga!!” Y por esto me aprendí el poema del murciano D. Vicente Medina, “Los pajaricos sueltos” y  “El embargo” de Gabriel y Galán.

Y nos daban leche en polvo y queso de bola, gracias a los americanos y  por aquellos años apareció el bolígrafo BIC, el gran avance tecnológico de la época, que como tal perdura y  acabó desterrando al plumín y al tintero; aún así la nueva escuela tuvo que esperar.

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De la iconografía de Santiago y el porqué de «Santiaguito»

julio 23, 2022

De la iconografía de Santiago y el porqué de “Santiaguito

Antonio Barrantes Lozano

Sabemos que los doce elegidos por Jesús, después de Pentecostés llevaron la doctrina  del Maestro  a los rincones más recónditos del mundo entonces conocido. Nos cuenta la tradición y nos contaron a nosotros cuando nos iniciaron en los principios del cristianismo, que a Hispania llegó Santiago el Mayor o el Viejo, para distinguirlo de otro  apóstol con el mismo nombre.

Era Santiago el Mayor hermano del también discípulo de Jesús, Juan, el discípulo amado, al que debemos uno de los cuatro evangelios aceptados por la Iglesia.

Se dice que Santiago partió, para llevar a cabo su cometido, de su Judea natal atravesando los mares, se entiende que sería el Mediterráneo, y que llegó a tierras hispanas y que su empeño evangelizador obtuvo sus frutos no sin las dificultades propias en una tierra hostil a toda novedad que bastante tenía con las nuevas traídas por los generales romanos. Fueron tantas los aprietos que se encontró que, como nos dice la tradición, hubiera abandonado si no fuera por los ánimos que le insufló la misma Virgen María que se le apareció sobre un pilar próximo a Caesaraugusta, ciudad que hoy conocemos como Zaragoza.

Y bien que lo celebran los maños que para subrayar tan feliz acontecimiento, levantaron una  hermosa basílica en su memoria.
Como el apóstol viajero llegó por los mares se le  reconoce con una concha porque es costumbre cristiana identificar a evangelistas y apóstoles con animales u objetos. 

Por tradición o no, la verdad es que la devoción al Apóstol Santiago  está muy extendida por España. Su veneración está generaliza y sus  imágenes, santuarios o iglesias es fácil encontrarlas en cualquier lugar del suelo patrio.

Sabemos y así lo recogen los Hechos de los Apóstoles, que Santiago el Mayor murió decapitado por orden del Rey de Judea, Herodes Agripa, y según una tradición medieval su cuerpo fue  traído por sus discípulos a tierras gallegas, Campus Stellae.

 Durante el siglo IX de  nuestra era mandaban en la mayor parte de Hispania los musulmanes, quedando los cristianos reducidos a la franja noroeste de la península en el denominado reino de Asturias. Fue durante el reinado de uno de sus reyes, Alfonso II, cuando un ermitaño vio luces extrañas  sobre unos restos arqueológicos, el hallazgo lo comunicó al obispo  Teodomiro de Iria  Flavia y  determinaron que aquellas luces, que surgían de un enterramiento correspondían  a los restos del Apóstol Santiago. Descubierta su tumba, la noticia, por extraordinaria, corrió por todos los círculos cristianos y enterado el Rey de tan importante hallazgo   fue  a comprobarlo personalmente,  considerándose desde entonces a Alfonso II como primer peregrino, estableciéndose así, de Oviedo a Compostela, el “Camino Primitivo”.

El culto al apóstol se extendió rápidamente entre los cristianos y fue el propio rey asturiano quién lo proclamó patrón del reino de Asturias. Auspiciado por las disposiciones reales, la visita a Compostela se prodigó desde todos los territorios cristianos tanto hispanos como europeos, estableciéndose así las rutas jacobeas que aportaron un intercambio social y cultural sin precedentes durante todo el Medioevo y que ha llegado hasta nuestros días.

Esta tradición es la que hace que a su iconografía se le añadiese  a la concha, el cayado o bordón y la calabaza que es una forma de representar al Santiago peregrino.

Pero no es esta su imagen más extendida, de santo pacífico y predicador por los caminos de España. También es recordado porque, reinando Ramiro II que sucedió en el trono a su tío Alfonso II, los musulmanes no dejaban de instigar las huestes cristianas a las que exigían los tributos de las cien doncellas. El buen rey D. Ramiro se opuso a tal exigencia y el armisticio quedaba declarado en Clavijo. Y aunque las fuerzas musulmanas eran superiores en hombres y armas,  en vísperas de la batalla se le aparece en sueños al monarca el Apóstol que le comunica que ha sido designado por Dios como patrón  de España. Cuenta la tradición que un joven jinete sobre corcel blanco se puso al frente de las huestes y como no podía ser de otro modo la victoria de los cristianos fue aplastante. Y es desde entonces, corría el año 844 del calendario cristiano, que tan magnánimo apoyo a nuestros ejércitos del apóstol en Clavijo sea recordado como soldado valiente y  que nuestros ejércitos, durante la Reconquista, entrasen en batalla al grito de: ¡¡Por Santiago!!

Con esta contrapuesta iconografía el culto al santo ha llegado a nuestros días y es fácil ver por todo el territorio español  a Santiago representado  como humilde caminante  con concha y calabaza o como caballero medieval espada en ristre sobre cabalgadura blanca.

Sabemos, porque así las crónicas nos lo dicen, que por aquí pronto se le tuvo en consideración y para su honra se levantó una ermita en Villanueva,  en la parte norte a extramuros de la ciudad. Se atribuye la noble iniciativa al hijosdalgo villanovense D. Gonzalo Vázquez de Écija en el año de 1552, como así consta en los “autos de la santa visita que hizo en e año de 1633 el prior Frey don Diego de Sandoval Pacheco, visitador general de la Orden de Alcántara” autos que están recogidos en los Apuntes de D. J. A.  Muñoz Gallardo.

Noticias más recientes tenemos de ella en el Interrogatorio de la Real Audiencia de Cáceres de 1791, en el que se informa de las dos misas cantadas anuales a celebrar, una en la festividad de Santiago y otra en la de  S. Ildefonso, con el que compartía capilla. Pronto la ermita quedó integrada en la ciudad, en la calle que da nombre y de la primitiva poco queda; fue enteramente remodelada a raíz del proyecto de urbanización de toda la zona en los años sesenta del pasado siglo. Se hizo desaparecer una vivienda que tenía adosada al oeste y la hermandad solicitó su ampliación y reconstrucción, con el resultado conocido.

La imagen que preside es la del caballero sobre caballo blanco y espada en ristre, con armadura y casco guerrero y nos recuerda al caballero de Clavijo. Vino a sustituir a la imagen que todavía algunos vieron o han oído de ella y que desapareció después de la barbarie iconoclasta que asoló la imaginería local en agosto de 1936.  Muñoz Gallardo nos dice  que   “De la escultura del “Santiaguito” nada he podido encontrar; yo creo que debió ser hecha por algún carpintero devoto del santo apóstol; no tiene más que mucha devoción sin ningún mérito artístico”. D. Jesús García Trujillo, que me precedió en estas tareas, nos dejó una deliciosa crónica al respecto, que no me resisto a reproducir: “Su imagen era una de las más queridas de los villanovense que, por su reducido tamaño, siempre se referían a ella con la familiar denominación de “Santiaguito”, sobre el que existió un interrogante: ¿por qué llevaba chistera? Nos aventura D. Jesús que el sombrero era signo de distinción y sólo a los grandes de España se  les permitía presentarse cubiertos ante el Rey. Así, tocándolo con el sombrero alto de ala reducida a la moda  entre los caballeros de alto rango, se pretendía dignificar al Apóstol”.

Oda al Pan

marzo 29, 2022

A la memoria de Almudena Grandes

Antonio Barrantes Lozano

Pan…eres / acción de hombre

milagro repetido / voluntad de la vida

(P. Neruda)

Cuando chiquillo una de grandes tareas que teníamos era tirar piedras a la Laguna, de todos los que un día vimos  La Laguna con agua, ese es nuestro recuerdo. Acudían patos para aprovechar su estanqueidad  y nosotros dale que te dale para verlos correr, otras veces probábamos puntería con la lancha como diana que sobresalía en medio del lago; años después la vimos desaparecer y de aquello sólo nos queda el recuerdo, como recuerdo es, cuando la infancia se iba diluyendo para  adentrase en esa edad indefinida preámbulo de la adolescencia,  que lo que más nos gustaba era jugar al fútbol, a la pelota como decíamos. Jugar a la pelota es un escalón inferior que jugar al fútbol, al fútbol jugaban los que jugaban con balones de badana, simulacro de cuero, que se deterioraban en los primeros envites, pero daban el pego; los de cuero, los de “reglamento” eran palabras mayores, y tuvieron que pasar años para patear  alguno; a la pelota jugábamos  porque era una esfera de goma la que sufría la rabia de tanto futbolista en ciernes. A su propietario  se le agasajaba con consideraciones para que dejara jugar a los demás ya que él, como dueño, actuaba con mando en plaza. A veces,  pocas, alguien llevaba una conocida como “Gorila”, no más grande que la  que hoy es la  de tenis. Tenía prestigio el que la poseía, pues partía con el aditivo de unas estupendas  y envidiadas botas; la pelotita “Gorila”  venía como añadida a  tan prestigiosa compra, un signo de distinción, de diferencia y no exenta de encender envidia.

Se organizaban partidos interminables, los capitanes, los más avezados,   echaban a suerte la elección de sus jugadores con un peculiar sistema. A una distancia de varios metros cada uno avanzaba  un pie tras otro en línea recta, obteniendo el premio de la primera elección el que al final montaba el pié sobre el del contrario. Aunque el método era sencillo, no estaba exento de triquiñuelas. Los que en envites anteriores habían adquirido cierto prestigio eran los primeros elegidos, aunque siempre jugábamos todos.

A veces, al ejido de las eras llegaban muchachos de barrios limítrofes, y el partido perdía toda trascendencia amistosa y se transformaba en un  “desafío” donde se discernía algo más que un resultado. Era la hora de los mejores, cosa difícil de determinar y siempre  quedaban descontentos mirando.

La distribución de jugadores en el campo era muy aleatoria y todos corríamos de aquí para allá, sin mucho orden o táctica preconcebida; el único puesto fijo era el de portero, al que se le condenaba a mostrar sus habilidades, reflejo y valentía, entre dos piedras que hacían de portería, cuyas dimensiones estaban sujetas a alguna que otra pillería.

Al ser   un puesto muy  definido pocos  querían serlo, salvo que a alguno le gustara por vacación y demostrados dotes, lo general era que la responsabilidad recayera en los menos avezados o timoratos, que cuando venían mal dadas, su  actuación se le afeaba con aversión  crítica   por las propios compañeros, descalificando sus torpes aptitudes con el peyorativo: “tú quítate, que no paras un pan roando.”

Tardé mucho en entender la jerga y  saber de su origen. La  sociedad del momento era poco comunicativa y muy reservada, la de una España gris llena de mujeres de negro. Aunque ya no era preciso, en los aparadores de muchas de las casas aún se conservaba la cartilla de racionamiento que sirvió de salvoconducto para la supervivencia y gatera de la especulación. 

En la tahona se quemaba la jara que impregnaba las mañanas de pan nuevo, de ruidos de herraduras en el empedrado y susurros de vecindario. El pueblo se despertaba, con el dolor de la pesadilla pasada, aún muy presente. Las heridas tardan y tardarían mucho tiempo en cerrarse.

No sé cómo  calificar los estratos sociales del momento, no sería ecuánime en diferenciarlos entre vencedores y vencidos, el concepto quedaba fuera del alcance de los niños, de lo que  sí seríamos conscientes más tarde, a la vez que madurábamos.

 La pobreza no era motivo para avergonzarse. Todos éramos pobres, pero con jerarquía porque había menos pobres, pobres y pobres de solemnidad. El “Perdone usted por Dios”, era la cantinela que oímos los que jugábamos en la calle.  Cantinela repetida una y otra vez en la sucesión de personas que perseguían un mendrugo para llevarse a la boca. No eran  dos ni tres los que golpeaban la puerta; los pobres de solemnidad, eran cientos, cientos los desahuciados de la fortuna, los empujados por la guerra, los perdedores. De solemnidad; la solemnidad,  palabra contradictoria, grandiosa en lo sagrado y en lo público, definitoria de la pobreza absoluta, del que no tiene nada, como si la pobreza en sí  considerara  todos los respetos.  En la perspectiva que da el tiempo uno fue entendiendo muchas cosas. Y así aprendí a saber el significado de aquel dicho malintencionado  dirigido al  portero permisivo.

Me ha permitido rebobinar estos recuerdos una de mis  últimas lecturas. Es un libro que yo encuadraría dentro  de la literatura social y realista actual, escrito por  la pluma femenina más brillante y comprometida del arco literario español. Almudena Grandes. “Besos en el pan.” A todos nos enseñaron a besar el pan. El Pan concreto, y genérico de todo lo que consideramos necesario. El Pan nuestro de cada día… principio de nuestros principios.

Besa el pan, que es pan de Dios, nos decían nuestros mayores,  porque ellos carecieron en algún momento de él, porque quizá tuvieron que correr tras un mendrugo cuando los aviones del enemigo los lanzaba desde el cielo para mermar la capacidad de resistencia de los sitiados, sí, puede ser que alguno rodara,   muchos se lanzarían a por él, dejando en ello vida o dignidad. Ahora comprendo el significado. Es por lo que a nuestro portero lo descalificábamos, con crueldad, como el más inútil de los inútiles. Sería por eso por lo que nuestros padres nos  enseñaron a besar el pan.

Hoy las tahonas no alimentan el horno con jara, ni repiquetean las herraduras en el empedrado, ya casi ni se barre la puerta, aquello quedó atrás, temo que ni siquiera amasen la harina, que se limiten a hornearla pre cocida,  un signo claro de una nueva   decadencia, lenta y progresiva, silenciosa. Los niños ya no besan el pan, ni nacen con un pan bajo el brazo, lo santificado se ha ido desplazando y ahora no radica en el pan. Una lástima. Leí hace poco, una cita de la que no recuerdo a su autor, que decía: …que cuando se desvanece toda noción de lo sagrado es imposible para el hombre establecer una verdadera jerarquía de valores”. Algo tiene de razón, como  tiene razón  Almudena Grandes. Hemos perdido el respeto al pan, nuestro pan de cada día no es lo que era, lo hemos desplazado, sustituido por otras prioridades que suplen otras necesidades a veces creadas o ficticias; la vida, aunque placentera en apariencia, nos lo está quitando y  se vuelve cruel y torticera orientándonos a mucho de  lo que ahora consideramos  principios inamovibles e imprescindibles de nuestra existencia. Y cuando nos falten, que pueden faltar,  quizá nuestros hijos aprendan porqué sus abuelos nos enseñaron, cuando éramos niños, a besar el pan. Esperemos.

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UN SUGESTIVO PROYECTO DE FUTURO

febrero 1, 2022

Antonio Barrantes Lozano

Dentro de la atmósfera de disgregación que viene sufriendo la sociedad española, que se hable de la fusión de dos entidades locales de cierto peso demográfico, social y económico, viene a ser como una bocanada de aire fresco en del ambiente enrarecido de nuestra realidad por tantos  “ismos” al uso.

Por  ello no nos extraña el  interés despertado por la prensa nacional en todos sus ámbitos: TV, Prensa y Radio. ¿Por qué, si el proceso ni es original ni es nuevo? Quizá por ambas cosas: en España es original porque nunca se ha dado entre dos entidades de cierto rango demográfico, sólo un caso en Galicia, entre dos poblaciones que no llegan a 5.000 habitantes, pero no es original porque este proceso en el que estamos inmersos, es viejo en Europa. El Catedrático de Derecho Constitucional, D. David Ortega, en el artículo publicado en el Diario El Mundo el 29 de octubre de 2021 nos dice: Este país nuestro es un poco raro, pues lo que es excepcional en España, la fusión de municipios, es lo normal o, mejor dicho, muy mayoritario en Europa… La reducción municipal europea ha sido drástica. Suecia desde 1952 pasó de 2.498 municipios  a tan solo 278 en 1974; Alemania entre 1965 y 1978 pasó de 24.371 a 8.514. Reino Unido entre 1974/75 bajó de 1.844 a 434. Dinamarca en 1970 redujo su número de 1.300 a 275. Bélgica en 1971 hizo lo propio, pasando de 2.359 a 589 municipios. En fin, Austria, Noruega, Países Bajos, Grecia, Italia, Portugal, han seguido una línea similar”.

 Y ni es nuevo, en el tiempo se han sucedido múltiples intentos; ni parte de la nada, tiene su base jurídica en la “Ley de racionalización y sostenibilidad” de 27 de diciembre de 2013, en la que: “que por primera vez se introducen medidas concretas para fomentar la fusión voluntaria de municipios de forma que se potencie a los municipios que se fusionan ya que contribuyen a racionalizar sus estructuras y superar la atomización del mapa municipal”… “Entre estas medidas de incentivo se encuentran el incremento de su financiación, la preferencia en la asignación de planes de cooperación local o de subvenciones, o la dispensa en la prestación de nuevos servicios obligatorios como consecuencia del aumento poblacional…  …estas medidas de fusiones municipales incentivadas, que encuentran respaldo en la más reciente jurisprudencia constitucional, STC 103/2013, de 25 de abril, supondrán, en definitiva, que los municipios fusionados percibirán un aumento de la financiación en la medida en que los municipios de menor población recibirán menos financiación”.

 Otra cosa es que en nuestro País se haya sido reacio a ello.

El deseo de unión Villanueva-D. Benito, es una aspiración latente desde mediados del siglo XX; todos los Ayuntamientos que en uno y  otro municipio han sido, han intentado siempre gestos de aproximación que, por razones que se nos escapan, nunca pasaron de meros propósitos.

 Ahora parece ser que sí. Comenzar el procedimiento ha sido un acto de voluntad de los Ayuntamientos actuales  fundamentado en los exhaustivos estudios de los profesores de la UEX del Departamento de Ciencias Económicas y Empresariales,  D. Julián Ramallo Hernández, D. Pedro Rivero Nieto y D. Francisco Javier Miranda González, que concluyen en los documentos “Análisis de competitividad de ciudades y polos de desarrollo en la Provincia de Badajoz” que viene  a ser como la guía de autoridad donde se fundamentan las razones económicas que alumbran el “Proyecto de Fusión de ambas localidades” donde se pormenorizan los procedimientos y tiempos a seguir.

Esta  iniciativa de fusión fundamentada,  ha sido avalada por las autoridades políticas de la región representadas en la Asamblea Autonómica, los ex Presidentes Autonómicos,   la Diputación Provincial, el Gobierno Central y,  por unanimidad, por los distintos plenos de ambas localidades. El objetivo, al que legalmente podría darse término por mayoría de las Corporaciones municipales,  se le quiere dotar de respaldo social por lo que se ha propuesto una consulta popular. Al quedar esto fuera de las prerrogativas municipales, tiene que ser el  Gobierno quien lo autorice. Venia que concede el Consejo de Ministros del 8 de noviembre.

 Para la consulta en la que dombenitenses y villanovenses expresarán su opinión sobre la fusión de los dos municipios para crear la tercera ciudad más poblada de Extremadura, se ha fijado  la fecha del 20 de febrero de 2022.

Ahora el tiempo es nuestro, es tiempo de olvidar caprichos, vilezas y prejuicios tribales carentes de argumentos.

El procedimiento ha sido impecable. La unidad política, tan poco habitual en nuestra historia democrática, representa el mejor aval en la credibilidad del proceso. Opiniones de rango y el rigor científico de  los especialistas de la UEX nos asegura un camino cualitativo y nos cuantifica la bondad del proceso con datos económicos más que deseables y el soporte jurídico que nos da la referida ley de Sostenibilidad y  Racionalidad municipal nos da seguridad y fija los criterios de convergencia  pormenorizados  en el  “Proyecto de Fusión de los municipios de D. Benito y Villanueva de la Serena”. que dejan el camino expedito a las tantas veces intentados procesos de fusión.

Nos toca a nosotros tomar la palabra. No olvidemos que Ortega y Gasett nos decía que los particularismos son el principal problema de la vertebración de las naciones. Con actitudes egocéntricas se achican los horizontes. Olvidemos nuestras particularidades. Con la fusión no se trata de anular los caracteres vitales propios, sino buscar la articulación de dos colectividades distintas en una unidad superior en la que ganaremos todos.

A partir de la fecha referida del 20 de febrero, si los ciudadanos damos nuestro consentimiento, se dará paso al proceso transitorio con las actuaciones previstas en el artículo 13 de la Ley de 2013, y temporizado en el ya referido  Proyecto, a fin de hacer converger y homogeneizar aspectos como; territorio, fiscalidad, presupuesto, ordenación urbana, personal, capital mobiliario…

Este  periodo transitorio estaba previsto para el primer trimestre de 2031, pero que debido a la similitud fiscal, administrativa y escaso o nulo endeudamiento de ambos Ayuntamientos, se prevé adelantar y que el presupuesto del nuevo municipio nacido de la fusión para 2028, se haga por la primera corporación salida de las urnas en las elecciones de 2027.

No podemos dejar de pasar la oportunidad de ser la tercera ciudad extremeña, con más de 63.000 habitantes, con un  término municipal de más de 700 km2, pasar a ser el primer polo económico a nivel agrícola-ganadero, el primer polo económico regional a nivel industrial[i], incrementando para la zona su capacidad reivindicativa industrial, social, cultural y universitaria, lo que ayuda a fijar población y da oportunidades a nuestros jóvenes, al pasar a ser segunda potencia económica de nuestra comunidad y foco de atracción para inversiones estatales y particulares.

Somos nosotros, los que nos iremos siendo serones y calabazones, los que tenemos la palabra el próximo 20 de febrero, pero serán nuestros hijos, nuestros nietos, quienes vivan una nueva realidad; se nos pide amplitud de miras, seamos valientes y generosos, que  nuestra cicatería y fobia no  oculten el nuevo horizonte, ni castren este sugestivo proyecto de futuro. Así lo pienso.


[i] Análisis de competitividad de las ciudades… UEX

Porque semos asina, semos pardos…

diciembre 9, 2021

Por que “semos asina, semos pardos…”

Antonio Barrantes Lozano

No podemos dejar pasar desapercibido el centenario del “El miajón de los Castúos” por lo que representó en su momento y por la aportación continua que hace a nuestro sentir extremeño.

No puedo dejarme arrastrar con opiniones propias por que  la admiración que profeso a la obra no me dejará equilibrar mi subjetividad.

Por ello, para poner distancia a la  tentación, he buscado opiniones más ecuánimes y de más autoridad, y  cual mejor que la de  sus primeros lectores: D. José Ortega Munilla, periodista, escritor, diputado en Cortes, Académico de número de  la RAE, redactor y director del Imparcial. D. José tuvo a bien prologar la primera edición del “El miajón de los Castúos”. Y lo mejor es dejarse llevar por su lectura:

 “Este poeta ha tenido un acierto singularísimo: el de hallar en el lenguaje de los extremeños de la provincia de Badajoz palabras, giros, temas de energía y de originalidad asombrosos…el novel ingenio posee dos cualidades  eminentes y dominadoras: la originalidad y la vehemencia expresiva, y aumenta el interés de estas composiciones el estar escritas en el decir, un tanto bárbaro y fiero, de la gente de Extremadura, el haberse adueñado el compositor del estilo arrogante y bravo de sus pasiones, el haber inventado, en fin, un nuevo modo de belleza en las letras… cuando los bien entendidos otorguen a Chamizo su aplauso, como yo se lo otorgo, deberán sentirse alegres y contentos los hombres de la montanera,  los labriegos de la Extremadura, los que el poeta ha sacado a la luz del aplauso en sus pasiones y en sus quereres, recios como la encina, luchadores como los que crearon su antiguo linaje…”[1]

El político más insigne de la época, D. Antonio Maura, el 13 de Febrero de 1921, agradecido, escribía al poeta: “Muy Sr. mío: Llegó a mis manos, hará luego veinticuatro horas, el tomo que usted tuvo la bondad de regalarme titulado “El Miajón de los castúos”… con toda la verdad le digo que no recuerdo en muchos años lectura que haya agradado más… le agradezco por tanto, no sólo la finura del obsequio, sino el grandísimo deleite espiritual de una poesía tan caudalosa, tan ingenua, tan delicadamente sentida…tan limpia de los rancios afeite.

Nuestro autor, Luis Florencio Chamizo Trigueros, nació en Guareña el 7 de Noviembre de 1894. Sus ascendientes son todos extremeños, su padre, D. Joaquín de Castuera; su madre, Dña. Asunción, de Guareña; sus abuelos paternos: D. Miguel de Calamonte y Dña Petra Guerrero Rojas de Villanueva de la Serena, sus abuelos maternos: D. Juan de Guareña y Dña. Luisa de Valverde de Leganés. Desciende  por tanto y lo digo como de anécdota, de Villanueva por línea paterna. Se bautizó a los pocos días, como era costumbre,  en la Iglesia Parroquial de Ntra Sra. de la Asunción de Guareña. Su infancia trascurrió entre los hornos de alfarería de su padre, un hombre que siempre procuró que su hijo se cultivara. Después de los estudios primarios cursados en Guareña, el joven Luis marcha a Madrid y luego a Sevilla para terminar los secundarios  y es en Sevilla donde consigue el título de Perito Mercantil. Vuelve a Madrid y se licencia en Derecho. A la muerte de su padre es requerido por el negocio familiar y regresa a Guareña poniéndose al frente de la venta de los conos.  Cuando pudo se colocó de pasante en la notaría de D. Victoriano Rosado Munilla en D. Benito.

Sus primeros balbuceos literarios se remontan a 1913 cuando publica su poesía “En el remanso”. Sus primeros poemas  aparecieron publicados en la revista  “La Semana”, de Don Benito; de lo celebrado que fueron tenemos referencia por su paisano el profesor Eugenio Frutos.

 “El Miajón de los Castúos” es su obra más lograda. Vió la juz a principios de 1921.  “Miajón” es la esencia, “el alma”, la miga y lo “castúo” es paisaje, carácter, cultura, donde el primero, el medio geográfico, funciona como factor determinante de los otros dos, nos recuerda Ramiro de Maeztu. Hábilmente Chamizo todo lo envuelve y lo presenta como un todo.

D. José Ortega y Munilla, , aplica  el término castúo a “los que constituyen la entraña de un pueblo, los guardadores de lo castizo, que conservan y defienden la majestad intangible de una estirpe. Y acreditan el valor de ésta en las palabras y en los usos y en los trajes”.

Tuvo un éxito rotundo y su poesía se extendió rápidamente por América, donde se llevaron a contabilizar algunas ediciones clandestinas.

Para entender a un autor hay que situarle en su tiempo y Chamizo es un producto de su tiempo. Chamizo no era ajeno a los problemas de finales del siglo XIX y principios del XX:

El profesor Viuda Camarasa nos dice que las claves ideológicas de la poesía de Chamizo están encerradas en el concepto unamuniano de intrahistoria. Esto es, en las vidas e idiosincrasia de las gentes humildes, anónimas e inmutables…

 Nos dice Unamuno  que “La intrahistoria equivale a la vida silenciosa de los millones de hombres sin historia que a todas horas del día y en todos los países del globo se levantan a una orden del sol y van a sus campos a proseguir la oscura y silenciosa labor cotidiana y eterna”.

Chamizo en este libro logra narrar la vida de esos hombres sin historia, su latir vital, su quehacer diario; las pequeñas cosas, la vida humilde y sencilla, la que construye el futuro…; del libro dimana un sentimiento muy profundo de lo extremeño. Toda su poesía es vida, sencillez, austeridad y drama. Un canto al pueblo humilde y sabio.

Corto nos quedaríamos si al hablar de Luis Chamizo nos quedáramos con sólo el ropaje. La poesía chamiciana viaja compulsiva por el amor, la amistad y la honradez que no dejan un solo momento ser objeto de llamada al lector. Los valores trascienden a una rápida lectura, el autor recoge del habla popular no sólo su léxico, también su sentir “sus quereles y sus creencias” y todo lo devuelve con ritmo sonoro.

 En Chamizo todo es natural y primigenio; pero desde lo primario y genuino se alza la voz del poeta hacia lo más trascendente  de la vida, del amor y de la muerte, que  son las constantes de la poesía inmortal en busca de los últimos misterio del hombre.

Un reconocido poeta extremeño, al que tuve el gusto de conocer, existencialista y comprometido con su tiempo, Manuel Pacheco, le dedicó estos versos, él recordando el centenario del poeta, nosotros los traemos por el centenario de su libro:

“Luis Chamizo golpeó / la encina de la palabra

/y en el idioma que labra /el sonido se encendió.

Toda la luz se le abrió/ en la llama de ese sueño

y el hablar de lo extremeño/ en lo castúo encontró.(M. Pacheco)[2]


[1] J. Ortega Munilla. Prólogo a “El Miajón de los Castúos

[2] Poema para nombrar a Chamizo. M. Pacheco

Publicado en Diario Hoy. Hiperlocal el 5 de diciembre 2021

Al hilo de…

diciembre 8, 2020

Al hilo de…

No se trata de poner sordina a nadie, cada cual puede denunciar, alto y claro, lo que considere un atropello y expresar sus ideas según sus convicciones sociales, políticas o religiosas.

Lo que no se entiende muy bien es que al hacerlo se tenga como núcleo argumental la necesidad de acordarse, de mala manera, de la madre de la persona o colectivo con el que se discrepa, como tampoco es de recibo lo que se dice en el chat de un grupo del que omito su nombre y del que los medios nos tienen suficientemente informados, que además de aquello quieren acabar con veintiséis millones de españoles con los que disienten.

Es sorprendente que entrado el siglo XXI exista alguien que no se haya enterado de la inutilidad de tan diabólica propuesta, que tras la experiencia de siglos no sepa que los fusiles acaban con la vida de las personas, pero no con las ideas.

Al hilo de estas reflexiones me viene a la memoria la  estrofa final del soneto “Poema de guerra para pedir la paz” que debemos al poeta extremeño José Iglesia que el pasado mes de  octubre nos lo arrebató la pandemia.

“NADA IMPORTA  QUE LADREN SUS LEONES.

SI SE CALLA MI VOZ, QUEDA MI VERSO.

 UN VERSO SUENA MÁS QUE MIL CAÑONES.”[i]


[i] De su libro “En esta Soledad del día” Poema dedicado a Miguel Hernández

De los “alarifes” y otras palabras…

diciembre 2, 2020

Las obras de restauración de la fachada occidental de la Parroquia de Ntra Sra de la Asunción ya están en marcha. No es el momento de opinar de resultados, estos se verán cuando se den por terminadas, lo que no quita que muchos villanovenses nos acerquemos cada mañana a ver su estado y observar “cómo va la obra.” Es  un trabajo que se ejecuta bajo la dirección de un joven arquitecto de la ciudad y se lleva a cabo por una empresa joven, también de la ciudad. Como ahora hay poco que adelantar, me ha llamado la atención, entre los múltiples anuncios   de las diversa empresas que inciden en ella: fontanería, electricidad, suministros…uno que parece haber sido sacado del cofre de las cosas valiosas.  Es el nombre referido a la empresa adjudicataria, “Alarife”. La palabra “Alarife,” es un término incorporado al castellano  que se enriquece desde el  árabe, un vestigio oral de su paso por la península, y que aunque el término haya perdido cotidianidad, está vigente y el diccionario de la lengua nos dice de él que sirve para denominar al maestro de obras.

 

  El idioma, en su evolución normal, como algo vivo se modifica y cambia, incorpora nuevos vocablos y se empapa de otras culturas que con el tiempo las hace propias. Muchos son los términos que el mundo árabe nos legó aumentando el acervo lingüístico hispano, muchos vocablos se mantienen,  los más corren peor suerte y se arrinconan y sin perder su vigencia, se sustituyen generalmente por  “modismos extranjerizantes”. Otros quedan en desuso, envejecen, se aparcan en el desván de la memoria y desaparecen del vocabulario callejero porque el objeto que sustantivaban ha desaparecido. Así ocurre con la palabra “albañal,” de uso no tan lejano, cuando las aguas pluviales pasaban, por el corral, de una casa a otra hasta encontrar el arroyo;  o con “alacena” o “alhacena,” con escaso o nulo vestigio en las casas modernas, y de la que María Moliner nos dice “que es un pequeño armario empotrado en la pared donde generalmente se guardan cosas de comer.” Otras las olvidamos,  nos suenan mal o son “arcaicas”. Hoy nadie va al “alfayate” a que le haga un traje o al “albéitar” a que cuide de la salud de su  perro, a no ser que sea como estos jóvenes alarifes.

 

Se falló la XL edición del premio «Felipe Trigo»

noviembre 21, 2020

Se falló la XL edición del Premio “Felipe Trigo”

La noche del 20 de noviembre de 2020 se falló el premio “Felipe Trigo,” el veterano premio literario con el que cuarenta años atrás el Ayuntamiento de Villanueva quiso honrar la memoria del insigne escritor que tuvo su nacencia y vivió su primera infancia en la ciudad que lo recuerda. Un cuarenta aniversario es motivo suficiente para celebrarlo de forma especial, pero las circunstancias obligan a la discreción aconsejada por las autoridades, pero la cultura, en este caso la literatura, es ajena al dolor, cuando no un bálsamo ante el infortunio.

Al acto la pandemia lo ha dejado sólo y orientado a las redes sociales sin el boato de otras veces. No por ello ha perdido su esencia. El  resultado es el mismo, ha triunfado la literatura.

Entre el ramillete de novelas finalistas el jurado ha optado por premiar la novela que se presentó  con el título “La lluvia Inglesa.”  Bajo el seudónimo de “Dulcinea de Cuenca.” Abierta la plica su autora resultó ser : Ana Muela Pareja.

El jurado optó por quedar desierto el premio reservado a la narración corta.

El acto, que fue transmitido por las redes sociales municipales, fue guiado por Nieves Moreno y se desarrolló en el Palacio de Congresos ante un grupo muy reducido de personas, algunos miembros de la Comisión lectora y los portavoces municipales del Consistorio.

Durante el desarrollo del evento, los ganadores de la XXXIX edición, que forman parte del Jurado, nos hablan de sus libros. Juan Ramón Santos , de la narración corta “El Síndrome de Diógenes” y Raúl Quirós Molina por videoconferencia, de la novela “Los caballos inocentes.”

Actuó de Secretario Bernardo Gonzalo y presidió el Jurado la escritora extremeña Susana Martín Gijón.

Villanueva de la Serena 20 de Noviembre de 2020

Reflexión

Al filo de la Gala del premio “Felipe Trigo”

Durante el fallo de la Gala de la XL edición del premio literario “Felipe Trigo”, como es habitual e incluso preceptivo, la presidencia del jurado después de abierta la plica se pone en contacto el autor o autora agraciada. En el caso que nos ocupa sería una autora  y la presidencia la ostentaba otra mujer, escritora también. Susana Martín Gijón.

Susana, en contacto ya con Ana Muela, autora de la novela ganadora “La lluvia inglesa” comenzó a desgranar algunos aspectos de la obra: “Una mujer a la que autoridades sanitarias inglesas la requieren en el hospital donde está ingresado su padre en estado terminal a causa de un accidente cerebral…a pesar que su padre había desaparecido de su vida y lo odiaba acude a la llamada, la muerte aunque se le anuncia eminente no fue así, y su estancia se tuvo que prolongar durante meses…  En  fin, no sigo porque no quiero hacer un spoiler… Continúa: Es una novela psicológica, de altibajos humanos, compleja… La autora, que se encontraba al otro lado del hilo telefónico asiente en todas sus partes y de alguna manera agradece que no se haga de la obra spoiler

La cosa no tuviera más trascendencia si no fuera porque  estando premiando una obra literaria en castellano se tuvieron que introducir neologismos o barbarismos, muy en moda, que seguro mucha gente desde su casa no entendieron, no hay razones para ello. (la gala fue transmitida por las redes municipales…)

 Tanto presidenta como autora perdieron  la ocasión de tirar del castellano y decir: La una: En fin,  no quiero revelar la trama y la otra: agradecer que no se haya revelado.

Del «Paso a Nivel» y la Carretera de » Circunvalación»

septiembre 13, 2020

Del “Paso a Nivel” y la “Carretera de Circunvalación

Antonio Barrantes Lozano

...el paso del tren

…el paso del tren

Es muy habitual ver alguna vieja fotografía colgada en las redes sociales, en la que se  muestra a una imponente locomotora de vapor aproximarse o alejarse de Villanueva, lo que no tendría nada de particular si no fuera porque la fotografía se tomó en el instante que el convoy cruza el “Paso a Nivel”.  La fotografía, como todas aquellas con imágenes que el tiempo ha dejado atrás, evoca cierta nostalgia en las personas que conocimos aquellos momentos.

Con el trazado del ferrocarril que pasa por la ciudad, Villanueva quedaba comunicada por el sistema ferroviario decimonónico, todo un privilegio, que empujó a la ciudad a un inesperado desarrollo y a un campo abierto a la modernidad. Fueron  muchas las ventajas que  acompañaron al  ferrocarril, como lo son en general los vías de comunicación para el desarrollo de ciudades, comarcas y provincias

No podemos obviar ninguna de las ventajas que el trazado ferroviario supuso, pero tampoco olvidar algunos inconvenientes causados a la  población, que han tardado más de cien años en superarse. Me refiero al ya mencionado “Paso a Nivel”.

El trazado de la línea ferroviaria recorre el flanco sur de la población,  cortando  el importante camino de entrada y salida de la ciudad a la altura de la confluencia de las carreteras de Zalamea y D. Benito

Desde la puesta en marcha del ferrocarril, el paso estaba regulado por barreras, que hoy es un sistema olvidado en los nuevos trazados ferroviarios. Los inconvenientes se soportaron  durante muchos años, porque las exigencias del tráfico no eran excesivas y los transeúntes poco exigentes. Nada extraño era ver, a uno y otro lado del paso, una larga hilera de vehículos a motor, carros y animales, esperando pacientemente que acabaran las maniobras, muy frecuentes al estar el paso próximo a la estación, para levantar las barreras.

A mediados de la década de los cincuenta del siglo pasado, este problema pudo haberse agravado mucho más, si no hubieran andado nuestros ediles atentos.

Fue por  estos años cuando una actividad frenética de obras públicas  afectaron directamente a la Ciudad. El ferrocarril Villanueva.- Talavera, diseñado en tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera[i], después de un largo lapsus se retomó con fuerza y podemos decir de él que a la altura de 1960, la Sección 3,  que nos uniría con  Logrosán,  estaba prácticamente terminada y apunto para ponerse en funcionamiento.

A la vez que se completaban las obras del ferrocarril, el Ministerio de Obras Públicas diseña la carretera conocida de “Circunvalación”, hoy “Avda de la Hispanidad”, que uniría la Carretera de Guadalupe con la de D, Benito en el sitio del “Ramillete”. Como consecuencia de estas obras se proyectó un paso  elevado  para salvar el tendido ferroviario y además resolver los problemas del “Paso  a Nivel” que comentamos. Dos hermosos arcos de hormigón facilitan el paso de los trenes y dan continuidad a la nueva carretera hasta su confluencia con la de D. Benito.

Tanto la obra ferroviaria, como la de la carretera, fueron bien vistas por el Ayuntamiento de entonces por lo suponía de mejora de las comunicaciones y su impacto favorable para la Ciudad, pero el estudio detallado del conjunto del proyecto presentaba algunos inconvenientes que pusieron en aviso a nuestros ediles.

La posible desaparición  del conocido  “Paso a Nivel”, haría derivar todo el tráfico hacia  citado paso elevado,

la alcantarilla se amplió,  pero el resultado..

penetrando en la Ciudad por la circunvalación y  calles adyacentes. Ayuntamiento Villanovense, comandado por el  Alcalde: D. Celedonio Pérez Álvarez, consciente de los trastornos que esto podría provocar, alega: que ante la posibilidad de quedar inutilizado el actual paso a nivel por el que tiene acceso a esta población las carreteras de Zalamea y D. Benito debido a las actuales obras del ferrocarril Villanueva- Talavera se plantearía un gran problema de entrada en la población de una extensa zona, que no resolvería satisfactoriamente el paso superior en construcción actualmente en el punto de unión de ambos ferrocarriles, por varias razones: a)por ser única entrada en la parte sur de la población, b) por las distancias a recorrer  que si bien pudieran ser salvadas regularmente por los vehículos a motor, no lo serían para el resto del tráfico y c)  por el mal acceso a la población por este lado, ya que el tráfico habrá de discurrir por calles estrechas y no datadas todavía de pavimentación, ni saneamiento adecuado. En virtud de estas razones, el Pleno de este Ayuntamiento cuerda por unanimidad: solicitar de la Jefatura de Obras Públicas se estime la ampliación y puesta en servicio  del actual paso inferior situado al paso nivel que se intenta suprimir y que resolvería totalmente los problemas expuestos que contribuirían a agravar la ya nada cómoda situación del tráfico en nuestra  población[ii].

Lo que pretendía el Ayuntamiento era que la pequeña alcantarilla que dejaba pasar las aguas del “Torrentero” se ampliara para permitir el acceso a los vehículos. La objeción municipal encontró eco el Ministerio y el paso no llegó a anularse y la alcantarilla fue ampliada, pero mucho tiempo después y con escasa satisfacción. Tuvieron que pasar sesenta años para que  la obra de ingeniería más importante de las llevadas a cabo en la ciudad, resolviera el problema, dando prestancia y fluidez a esta importante entrada en la ciudad.

a veces, la espera era larga

El trazado de la carretera de circunvalación,  hoy en moderna ampliación, también presentó inconvenientes que dieron opción a otras exigencias de nuestras autoridades.

Su trazado, con la consiguiente elevación para salvar la altura del paso elevado, de alguna manera supone levantar un muro que dificulta el crecimiento o prolongación de las calles limítrofes, problema  aún hoy observable  en la prolongación de la calle de “El Pardo”, y lo que era más novedoso,  cortaba el acceso a la nueva estación, (en el proyecto “apeadero”) del ferrocarril,  prevista  que se ubicara  en su zona limítrofe. (Se manejaron tres posibilidades, una en la estación existente, otra a dos kilómetros y una tercera mixta entre las anteriores soluciones[iii], que fue la aprobada.) Por todo ello, en sesión Plenaria[iv] se propone:

En la forma que actualmente se efectúa la desviación de la carretera Villanueva- Guadalupe quedan cortadas por el terraplén todas las calles que habían de desembocar en  la futura estación  y de aquí la conveniencia de dotarlas de pasos mediante obras adecuadas, y si tal cosa no fuera realizable por los servicios de la mencionada estación el Ayuntamiento se vería obligado al trazado de una vía amplia paralela al terraplén con objeto de no dejar ninguna calle taponada por el mismo. Ello es una razón  más que abona el deseo de este Ayuntamiento de conocer los planes de esa Dirección General a este respecto,  deseo expuesto por el Sr Alcalde al Ingeniero Director, Sr, Moreno Lacasa, que no dudamos sea satisfecho por el Dirección General en virtud de las razones expuestas”.

Las obras de la línea ferroviaria fueron paralizadas, al parecer por presiones del Banco Mundial, y el gobierno apostó por la potenciación del automóvil y la política de carreteras. Se aprobó su desmantelamiento  por Orden Ministerial de  17 febrero de 1966,  efectuándose la retirada de raíles y mobiliario entre mayo a julio de 1994[v]

Hoy la “Vía Verde” ocupa el lecho de lo que pudo ser.

 

[i] Por el Decreto de 30-1-1924 se crea el Consejo Superior de Ferrocarriles y este presenta al gobierno el Estatuto del Nuevo Régimen Ferroviario el 12 de junio de 1924.  El ferrocarril Talavera Villanueva… Historia de una ilusión. Juan J Ramos Vicente

[ii] Acta Municipal 19-12-55

[iii] El ferrocarril Talavera Villanueva… Historia de una ilusión. Juan J Ramos Vicente

[iv] Acta Municipal 27-6-55

[v] El ferrocarril Talavera Villanueva… Historia de una ilusión. Juan J Ramos Vicente

13-9-2020