De los “alarifes” y otras palabras…

Las obras de restauración de la fachada occidental de la Parroquia de Ntra Sra de la Asunción ya están en marcha. No es el momento de opinar de resultados, estos se verán cuando se den por terminadas, lo que no quita que muchos villanovenses nos acerquemos cada mañana a ver su estado y observar “cómo va la obra.” Es  un trabajo que se ejecuta bajo la dirección de un joven arquitecto de la ciudad y se lleva a cabo por una empresa joven, también de la ciudad. Como ahora hay poco que adelantar, me ha llamado la atención, entre los múltiples anuncios   de las diversa empresas que inciden en ella: fontanería, electricidad, suministros…uno que parece haber sido sacado del cofre de las cosas valiosas.  Es el nombre referido a la empresa adjudicataria, “Alarife”. La palabra “Alarife,” es un término incorporado al castellano  que se enriquece desde el  árabe, un vestigio oral de su paso por la península, y que aunque el término haya perdido cotidianidad, está vigente y el diccionario de la lengua nos dice de él que sirve para denominar al maestro de obras.

 

  El idioma, en su evolución normal, como algo vivo se modifica y cambia, incorpora nuevos vocablos y se empapa de otras culturas que con el tiempo las hace propias. Muchos son los términos que el mundo árabe nos legó aumentando el acervo lingüístico hispano, muchos vocablos se mantienen,  los más corren peor suerte y se arrinconan y sin perder su vigencia, se sustituyen generalmente por  “modismos extranjerizantes”. Otros quedan en desuso, envejecen, se aparcan en el desván de la memoria y desaparecen del vocabulario callejero porque el objeto que sustantivaban ha desaparecido. Así ocurre con la palabra “albañal,” de uso no tan lejano, cuando las aguas pluviales pasaban, por el corral, de una casa a otra hasta encontrar el arroyo;  o con “alacena” o “alhacena,” con escaso o nulo vestigio en las casas modernas, y de la que María Moliner nos dice “que es un pequeño armario empotrado en la pared donde generalmente se guardan cosas de comer.” Otras las olvidamos,  nos suenan mal o son “arcaicas”. Hoy nadie va al “alfayate” a que le haga un traje o al “albéitar” a que cuide de la salud de su  perro, a no ser que sea como estos jóvenes alarifes.

 

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