La fotografía de la Plaza

La Esquina de la Plaza
A. Barrantes Lozano

Alfareros en la Plaza

Si se pasea por la Plaza de España se puede ver como se levanta el edificio de la esquina de la calle del Marqués de Torres Cabrera. Sin ser muy entendido, se le adivina sólido, de moderna estructura y ya se apunta en él la columnata de granito que dará continuidad a los soportales de la acera del ayuntamiento, buscando dar al lugar un espacio porticado.
La contemplación de la obra me recordó la visión de una antigua fotografía que he conseguido a través de las redes sociales e incorporado a mi colección de fotografías antiguas de Villanueva. En ella se puede observar la esquina en cuestión a principios del siglo XX. No es una instantánea a propósito de la esquina, la esquina marca el fondo de la escena junto con la arcada del edificio del casino, perfectamente reconocible.
Es una suerte que haya gente que conserve y publique este tipo de fotografías, a todos nos ayudan a reconocer nuestra historia, la historia reciente, la que aún perdura en el límite de la memoria de mucha gente. Escribí en una ocasión que la fotografía tiene la magia de sostener en el tiempo la memoria de lo que fue; con ellas, a veces de repente, fluye a torrentes la nostalgia de una infancia que se ha ido.
El documento gráfico es el soporte visual de la historia que se nos escapa, de la sociedad, de uno mismo.
Me gusta contemplar las antiguas y lo hago con verdadera aplicación en aquellas que se exponen en algunos lugares públicos o son portada de algunos calendarios. Son estampas antiguas, viejas, amarillentas por el tiempo que milagrosamente respeta las tintas artesanales de la cuba del primitivo fotógrafo. Son vetustos documentos gráficos, vocaciones del pasado.
La fotografía que comentamos nos retrotrae a un pretérito que se nos hace lejano, quizá a los albores del siglo XX. En nuestra Plaza de España unos artesanos nos muestran sus productos, unas tinajas de mediano tamaño de las muy usadas en tiempos pasados para el agua, el aceite o el vino. Los vendedores miran al fotógrafo, van tocados de sombrero alto y bien abrigados, el tiempo no era muy agradable, posiblemente invierno, lo delata el gesto de frío en sus caras, la bufanda, las manos en los bolsillos y las tocas de las mujeres. La gente pulula alrededor, se adivinan otros puntos de venta. Unas señoras con sus capachos, se paran y miran. El hecho de la presencia del fotógrafo alteró el movimiento natural en estos espacios. Todos los personajes observan atentos el proceder del fotógrafo, oficio raro en la época, algo novedoso. Ignorantes quizá que hoy sus ropas, sus miradas o sus afanes nos hablen de un instante de sus vidas, de un tiempo, de su tiempo, prendidos en las sales de plata, retazos de historia, de nuestra historia.
Es un día de mercado. Mercado tradicional que se arrastra desde 1781, en tiempos de Carlos III, que a solicitud de la ciudad, faculta el establecimiento de un mercado los sábados en el que “concurren comestibles, paños, lienzos, costal, jerga, lino, calzados, granos, alfarería, y algunas ligeras tiendas con otras especies y condimentos, que proveen no solo a estos vecinos sino es también a lo de los pueblos contiguos de lo más necesario..” Así lo podemos leer en el Interrogatorio de la Real Audiencia de Cáceres de 1791 para el Partido de la Serena.
Podemos asegurar que nuestro popular “mercadillo” que es como lo conocemos ahora, tiene una antigüedad de siglos. Siendo la Plaza y alrededores de la Iglesia su inicial ubicación; esta ha ido cambiando con el tiempo, al adquirir mayores dimensiones y cubrir otras necesidades; se ha ubicado en la calle Ramón y Cajal, La Laguna, Plaza de Salamanca y hasta ahora que se instala en el moderno recinto ferial.

Si se pasea por la Plaza de España se puede ver como se levanta el edificio de la esquina de la calle del Marqués de Torres Cabrera. Sin ser muy entendido, se le adivina sólido, de moderna estructura y ya se apunta en él la columnata de granito que dará continuidad a los soportales de la acera del ayuntamiento, buscando dar al lugar un espacio porticado.

La Casa de la Esquina

La contemplación de la obra me recordó la visión de una antigua fotografía que he conseguido a través de las redes sociales e incorporado a mi colección de fotografías antiguas de Villanueva. En ella se puede observar la esquina en cuestión a principios del siglo XX. No es una instantánea a propósito de la esquina, la esquina marca el fondo de la escena junto con la arcada del edificio del casino, perfectamente reconocible.

Es una suerte que haya gente que conserve y publique este tipo de fotografías, a todos nos ayudan a reconocer nuestra historia, la historia reciente, la que aún perdura en el límite de la memoria de mucha gente. Escribí en una ocasión que la fotografía tiene la magia de sostener en el tiempo la memoria de lo que fue; con ellas, a veces de repente, fluye a torrentes la nostalgia de una infancia que se ha ido.

El documento gráfico es el soporte visual de la historia que se nos escapa, de la sociedad, de uno mismo.

Me gusta contemplar las antiguas y lo hago  con verdadera aplicación en aquellas que se exponen en algunos lugares públicos o son portada de algunos calendarios.  Son estampas antiguas, viejas, amarillentas por el tiempo que milagrosamente respeta las tintas artesanales de la cuba del primitivo fotógrafo. Son vetustos documentos gráficos, vocaciones del pasado.

La fotografía que comentamos nos retrotrae a un pretérito que se nos hace lejano, quizá a los albores del siglo XX. En nuestra Plaza de España unos artesanos nos muestran sus  productos, unas tinajas de mediano tamaño de las muy usadas en tiempos pasados para el agua, el aceite o el vino. Los vendedores miran al fotógrafo, van tocados de sombrero alto y bien abrigados, el tiempo no era muy agradable, posiblemente invierno, lo delata el gesto de frío en sus caras, la bufanda,  las manos en los bolsillos y las tocas de las mujeres. La gente pulula alrededor, se adivinan otros puntos de venta. Unas señoras con  sus capachos, se paran y miran. El hecho de la presencia del fotógrafo alteró el movimiento natural en estos espacios. Todos los personajes observan atentos el proceder del fotógrafo, oficio raro en la época, algo novedoso. Ignorantes quizá que hoy sus ropas, sus miradas o sus afanes nos hablen de un instante de sus vidas, de un tiempo, de su tiempo, prendidos en las sales de plata,  retazos de historia, de nuestra historia.

Es un  día de mercado. Mercado tradicional que se arrastra desde 1781, en tiempos de Carlos III, que a solicitud  de la ciudad, faculta el establecimiento de un mercado los sábados en el que “concurren comestibles, paños, lienzos, costal, jerga, lino, calzados, granos, alfarería, y algunas ligeras tiendas con otras especies y condimentos, que proveen no solo a estos vecinos  sino es también a lo de los pueblos contiguos de lo más necesario..” Así lo podemos leer en el Interrogatorio de la Real Audiencia de Cáceres de 1791 para el Partido de la Serena.

Podemos asegurar  que nuestro popular “mercadillo” que es como lo conocemos ahora, tiene una antigüedad de siglos. Siendo la Plaza y alrededores de la Iglesia su inicial  ubicación; esta ha ido cambiando con el tiempo, al adquirir mayores dimensiones y cubrir otras necesidades; se ha ubicado en la calle Ramón y Cajal, La Laguna, Plaza de Salamanca y hasta ahora  que se instala en el moderno recinto ferial.

Pero volvamos a la fotografía, el edificio llamado del Casino ha llegado hasta nosotros como lo vemos en la imagen, su balconada y arcada de medio punto, en cantería de granito que da a la Plaza un aire clásico y aristocrático, afortunadamente la piqueta y la especulación han pasado de largo milagrosamente . Hoy es un edificio señero y a conservar. Otra cosa es la esquina de la izquierda, que da paso a la antigua “Calleja de los Toros” o como se llama ahora, del “Marqués de Torres Cabrera.” Es una casa medianamente humilde, a dos aguas con bajo y piso alto, dos balcones dan la Plaza. En los bajos una industria anuncia  su labor. Es una imprenta –papelería. En su fachada se puede leer: “Imprenta Papelería Diestro.” “Objetos de Escritorio”; no se cuanto tiempo lo fue o pudo resistir aquel negocio, ni qué necesidades cubría por entonces o si llegó  a coincidir con otra Imprenta , la recientemente desaparecida después de más de cien años de actividad,  la regentada por la familia Parejo; sea como fuere, la imprenta “Diestro” fue testigo de la época aquí reflejada, como lo ha sido la casa que la cobijaba, manifiesto de excepción del alma de un pueblo, vigía permanente de su Plaza, Plaza que ha vuelto a ser el hálito de la ciudad, hoy moderna y transformada.

La casa, con mínimas intervenciones, ha llegado como la vemos hasta el siglo XXI. Su piso alto siguió siendo vivienda y por sus bajos pasaron distintos tipos de negocios, que muchos villanovenses todavía guardan en sus recuerdos. Ineludible nombrar la celebrada “Sombrerería” de D. Moisés Pérez de las Vacas, uno de tantos artesanos que tuvo la ciudad hasta que la industrialización los fue apartando; más tarde fue sede del recordado Bar “Los Caracoles,” un nombre de referencia en la restauración de la posguerra, como lo fue el también  desparecido Bar “España,” asimismo ubicado en la Plaza. El solar, por su ubicación desde hace años, la primera referencia es de 1914, ha sido añorado por los distintos Ayuntamiento que a la ciudad han regido. Al fin, en la Junta de Gobierno, reunida el 2 de diciembre de 2014, se anuncia el acuerdo con su último propietario, D Vicente Rodríguez Jiménez, por el que el edificio pasa a ser propiedad municipal, con el objetivo de prolongar los soportales desde la fachada del Ayuntamiento hasta la esquina de la calle “Marqués de Torres Cabrera.” Todo el proceso fue comunicado por el Sr. Alcalde al pleno llevado a cabo el 4 de diciembre.

El proyecto ha sido realizado por el arquitecto municipal D. Alfonso Navarro Muñoz y la obra fue licitada en el BOP del 20-1-2017 “a la oferta,- se hicieron 32- de mejor precio, despreciando  aquellas anormales o desproporcionadas, con un periodo de ejecución de doce meses.” Veremos.

abarrantes01.wordpress.com

 

Etiquetas:

Una respuesta to “La fotografía de la Plaza”

  1. Poker Online Says:

    games

    La fotografía de la Plaza | El blog de Antonio Barrantes

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: