La Calle del Puente

 

La Calle del Puente
A. Barrantes Lozano

En la última entrega que se hizo pública el 18 del pasado septiembre, hablaba sobre la morfología de la ciudad, queriendo dar a entender cómo la orografía determina su configuración, haciendo referencia explícita al trazado de las calles del primigenio núcleo urbano. Villanueva se asienta sobre una suave loma que vierte las aguas hacia el oriente en busca del cauce de los ríos Zújar y Guadiana. Curiosamente la expansión urbanística de la ciudad, principalmente a partir del último cuarto del siglo XIX, tomó el mismo derrotero que las aguas pluviales y se fueron trazando nuevas calles a lo largo de caminos trazados por los arroyos. Ejemplo de ello la vía surgida en el camino llamado del “Callejón de S.Miguel” que aún en nuestros días se mantiene su nombre. Nuestra afamada plaza de “Las Pasaderas” a pocos hay que decirles que su topónimo viene de los pasos de piedra que cruzaban la calzada para evitar las aguas que provenían de la parte occidental, de las calles de “Lares” y “Ramón y Cajal”, y del “torrentero” – entonces camino de La Haba- que se adentraban en la población por la conocida calle del “ Polvo” , – nombre que se debe al levantado, por los carros en tiempos de saca, del lecho arenoso que habían dejado las aguas invernales– aguas que buscaban salida por la calle “Arroyo” y “Camino de Hernán Gil”.
Debido a la pequeña hondonada existente en la encrucijada de varias calles en la zona, el agua quedaba estancada con los problemas de salubridad consiguiente. Significativo eran sus nombres “Cantarranas” “Arroyo” o “Salsipuedes”. Fue en 1926 cuando una decisión municipal las nominó como “Espronceda” y “Gabriel y Galán” respectivamente. La última citada aún es testigo de lo que decimos. En la parte más elevada de la zona se fue trazando la calle Alta ajena a esta problemática y que unía a las salidas naturales de “Hernán Gil” y “Cercón del Rey”. entonces rodeados de cercados, olivares y tierra de labor. Con parecida suerte se fue diseñando la calle “Olivar”, a la que aún muchos villanovense la conocemos como la calle “del Puente” con razones fundadas para ello. No era su trazado inicial como hoy la conocemos, la calle de “S. Francisco” estaba ya trazada y la acera de los impares formada por una sucesión continua de viviendas, por lo que la calle “Olivar” era una calle cerrada, cosa nada extraña en el trazado viario del XIX; aún perdura la calle llamada “Cerrada”, situada a mediados del ”Callejón de S. Miguel” o, como hasta no hace mucho, lo era la calle “Quintana.”

Calle Salsipuedes

Como su trazado original no era muy afortunado, los vecinos sintieron la necesidad de buscar una salida hacia la calle de “S. Francisco” que ya se estaba convirtiendo en Avenida Principal, y haciendo de la insuficiencia virtud, los vecinos decidieron abrirse paso y compraron la casa que la cerraba. La decisión vecinal llegó a las altas estancias municipales que estudiaron la propuesta que fue elevada a Pleno en instancia firmada por D. José Sánchez Merino, en la que se manifiesta haber adquirido una casa, entre él mismo y varios vecinos, de la calle “Olivar” con el fin de construir una travesía entre dicha calle y la de “S. Francisco” cuyo hecho, manifiesta, ha de redundar en beneficio de los vecinos de esta ciudad. La petición, como era habitual en el procedimiento administrativo, pasó a ser estudiada a la comisión de ornato. Corría la fecha de 28 de marzo de 1885, siendo alcalde D. José Montero y González.
La respuesta municipal no se hizo esperar, pocos días después se le comunica a D. José Sánchez Merino, que la citada comisión ve acertada la propuesta por ser la obra de imperiosa necesidad y utilidad, pero debe hacerse dicha demolición con el máximo respeto a los hastiales de las casas colindantes que quedarían afectadas, como ocurre con frecuencia en este tipo de demoliciones Así sucedió, el propietario de una de ellas, de la calle S. Francisco, eleva instancia, poco tiempo después, rogando que se derribe la pared de su casa y se construya de nuevo por haber quedado a la intemperie con motivo de la demolición de la casa limítrofe.
En la zona, por su orografía, las aguas, como apuntábamos, presentaban un serio problema ya que sólo se podían achicar a través de un profundo arroyo y los representantes municipales haciéndose eco de esta dificultad, en el acta del pleno de 15-4-1885, se puede leer: “que siendo de imperiosa necesidad la construcción de una alcantarilla para que las calles Olivar y S. Francisco y demás contiguas tengan comunicación, todo vez que el arroyo que las divide recibe las aguas de varias calles y que por poco que llueva se hace imposible el tránsito de una a otra por su profundidad, se lleve a efecto la construcción de aquella –la alcantarilla- formando oportuno expediente y presupuesto. Forma la comisión D. Vicente Gómez, D. Francisco Montero y D. José Guisado
La construcción de dicha alcantarilla es aprobada, y para ello se libra un presupuesto extraordinario de “más de quinientas pesetas” en conformidad del R. Decreto de 4 de enero de 1883.
La obra se llevó a efecto y la calle “Olivar”, popularmente, comenzó a conocerse como la calle “del Puente” o “el Puente” topónimo que perdura en el imaginario de muchos villanovenses.
Resuelto el inconveniente del paso, el arroyo siguió dando problemas, limitaba la expansión, dificultaba el transito viario y sobre todo, era depositario de todo tipo de detritus y basuras.
Los ayuntamientos siguiente, sabedores de la importancia urbanística que estaba tomando la zona, decidieron buscar una solución, esta fue encontrada en 1912. En el Pleno de 19 de octubre, presidido por el entonces Alcalde D. Justo Díaz Mulero se decide:
“que con el fin de que desaparezca el depósito de inmundicias en que se está convirtiendo el Arroyo denominado del Olivar y en vista de que todo el territorio que ocupa se está urbanizando, se podía conceder a los dueños de las casas de la calle de S. Francisco cuyas traseras lindan con citado arroyo, autorizar para cubrirlo con alcantarilla, siempre que esta sea uniforme y con sujeción al plano que se determine, quedando a beneficio de los mismos todo el terreno que ocupen con la obra correspondiente a sus respectivas casas y sin que por ello se les cobre ningún arbitrio. El Ayuntamiento en vista de la ventaja de la proposición por unanimidad lo aprueba.”
Fueron soluciones urbanísticas y de salubridad propias de una época pasada, pero soluciones que favorecieron la actual configuración de la zona.

Etiquetas:

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: