La morfología de la ciudad

 

La morfología de la ciudad

  1. A Barrantes Lozano

Hace poco tiempo, durante el Pleno del 30 de mayo último, se tomó la decisión de dedicar las nuevas calles que en el  parcelario se contemplan, a diversas personalidades que por alguna que otra razón se consideran dignas de ser recordadas por los villanovenses. Buenos criterios tendrán nuestros mandatarios para elevar al reconocimiento público a los ilustres agraciados. Ante la necesidad de nominarla, se siguieron los procedimientos establecidos por el proceso democrático propio de nuestro tiempo; en Pleno y con la intervención de todos los grupos que deciden, después de oído el informe de la Comisión Informativa Permanente de Urbanización, Fomento y Medio Ambiente. Salvo la objeción razonada a una de las propuestas por parte de uno de los grupos, todos los  nominados fueron considerados merecedores de pertenecer a la nomenclatura callejera de la ciudad.

Se hace énfasis en lo anterior, no sólo por ser reciente la decisión municipal, sino para resaltar que no siempre se han seguido criterios razonados, aunque  discutibles, o se ha tenido excesiva preocupación por cómo llamar a las calles. Como dato curioso me viene a la memoria un suceso acaecido a finales del siglo XIX con motivo de nombrar de alguna manera a una  calle que se estaba constituyendo en la ciudad. La calle en cuestión era la paralela a la conocida como   de S. Bartolomé;  los ediles de entonces no tuvieron otra ocurrencia que mirar el calendario y ponerla el santo del día, como era costumbre poner los nombres a los niños por aquella época, y mira por donde que la pusieron: Calle de “S. Demetrio”. Era alcalde Don Juan Antonio Duque. No creo que nadie la conozca como tal; más tarde, siguiendo criterios más terrenales, por su posición geográfica se la denominó como Calle “Occidente”. Y así sigue hasta nuestros días.

Las calles más  antiguas de Villanueva se fueron trazando  adaptándose a la morfología del suelo  La primitiva ciudad, a principios del siglo XIV, Aldeanueva, se configuró sobre una muela que cae suavemente sobre la vega del río Zújar, y en su parte más prominente se alzó la primera Iglesia que iba a ser el centro poblacional. Iglesia, cementerio y convento formaron el núcleo central y las calles fueron derivando de su entorno. Se mantuvieron durante muchos años  nombres gremiales, como de “Carnicería,” “Tiendas” “Sillería” o “Tenerías.”  La llamada de “Judería” al parecer fue  por sus habitantes. El núcleo de población era reducido, por Occidente  el convento que manda construir D. Juan de Zúñiga quedaría extramuros, al igual que el convento de los padres franciscanos descalzos de S. Francisco por el  Este. Al sur estaba el conglomerado de casas y el convento de monjas que dieron solar al actual Parque de la Constitución y  la franja norte se cerraba con las edificaciones que ceñían a la Laguna.

A pesar de su restringido término, la población llegó a ser referencial para toda la comarca, muy tenida en cuenta por los prebostes de la Mesta, donde establecieron su archivo y fue lugar de residencia del Prior de la poderosa Orden de Alcántara hasta la desaparición de esta a mediados del siglo XIX. De la Villanueva de los siglos XV y XVI datos tenemos por las visitaciones de la Orden, como ha puesto de manifiesto  D. Dionisio Martín en su libro Villanueva en el siglo XVI, de su composición social, organización administrativa, población y recurso  económicos; a finales del siglo XVIII Villanueva estaba habitada por unos  1300 vecinos ( unos 5200 habitantes ) según se deduce del Interrogatorio de la Real Audiencia de Cáceres y no hay motivos para pensar que su población creciera significativamente hasta pasados los años sesenta del siglo XIX.

El crecimiento urbanístico fue lento, siguiendo  trazos naturales, como fueron los caminos de salida a otras poblaciones o veredas y cordeles que marcó la trashumancia. Al oeste se fue trazando la calle según el cordel o camino a D. Benito, esto justifica la poca alineación de sus casas a pesar que durante el siglo XX se tomaron algunas decisiones que mejoraron su aspecto, como fue el retranqueo, en los años cuarenta del pasado siglo, de la casa que hace esquina a la calle Morales, obligando para su reconstrucción alinearla con la entonces llamada de María Cristina. Otro ejemplo, siguiendo los caminos, fue el trazado de la calle La Haba o Magacela. Otras deben su nombre, que mantienen, al seguir la senda que llevaba a ermitas situadas fuera de lo que era el casco urbano, llamativa resulta la dedicada a los “Mártires,” “Santa Ana” o “S. Miguel” ermitas que no llegaron a finales del siglo XVIII, abandonadas o destruidas ya en esta fecha , por lo que no se hace referencia a ellas en el referido Interrogatorio, pero sí se tiene  constancia de las mismas por los censos recogidos en el Archivo de la Orden recientemente publicado.

La relación más antigua de calles de Villanueva que ha llegado hasta mí data de 1826, están referidas en un anuario del Pósito, son unas treinta y siete, y lo digo aproximado porque algunas de ellas se nombraban por tramos y hoy tienen una sola denominación, muy parecidos datos se recogen en el censo de la sal de 1833 que son muy coincidentes con el  Plano urbano, el más antiguo que conozco, de Francisco  Coello que se realizó para los estudios previos a la construcción del ferrocarril en 1863 aunque en este se vislumbran nuevos trazados, aunque muy tímidos.

Según el censo de repartimiento de 1852, la ciudad tenía censados a 2030 vecinos, unos 7500 habitantes, distribuidos en 43 calles, estas en número y nombres parecidos a la relación obtenida de los referidos censos de 1826 o 1833.

La llegada del ferrocarril en 1866 supone una inyección económica sin precedentes para Villanueva, ya que se convierte en el centro comercial de la comarca y zona atractiva para la industria, lo que pronto se dejará notar en su crecimiento demográfico.

El trazado de la línea ferroviaria limitó a la ciudad por su costado sur dejando un amplio espacio muy susceptible de ser urbanizado.

Debido a la llegada masiva de mercancías destinadas a los pueblos de la comarca  se vio la necesidad de  trazar una vía que evitara que el transporte pasara por las zonas urbanas y para ello se construyó un camino/carretera que unía a la estación con las salidas a Madrigalejos, Acedera o Herrera del Duque, próximas a la Cruz del Río; fue la primera circunvalación que tuvo Villanueva, hoy es la Calle “Hernán Cortés”, antes conocida como “Carretera”

La habilitación de esta vía creó un nuevo espacio que pronto, lo que hasta entonces eran ejidos y olivar, se fue convirtiendo en suelo urbano.

En  1852 es la calle Alta la que limitaba a Villanueva por oriente y por occidente la calle “Los Mártires”, y el número de vías no sobrepasaban las 43.

En la relación del callejero local de 1897 el número de calles se eleva a 89; la ciudad en 45 años  duplica su espacio urbano, completando su límite hasta las inmediaciones del ferrocarril. Son nuevas calle: Pozo, Muelle, Santa Teresa, Fajardo, S. José, Alfareros o Alcántara.

Por el este hasta la circunvalación de Hernán Cortes se trazan:   Unión, Huerto, Estrella, S. Miguel,  La Cruz, Panaderos, Herrera o Valdivia. En el parcelario urbano actual, estas ampliaciones del último cuarto del siglo XIX son fácilmente identificables por su trazado más racional, excepción hecha con la llamada “Cercón del Rey”, muy condicionada por el curso del arroyo que por allí corría; las demás tiene sus casas alineadas y la anchura  de sus vías es constante lo que hace que sean  totalmente distintas de las del casco primigenio, dispares en trazado y anchura.

De la transformación de la ciudad a partir de mediados del XIX, nos habla la cifra de sus habitantes, si en el censo de 1852  Villanueva contaba con 7500 , a la altura de 1909, unos cincuenta años después, su número  se elevaba a 13589, la que supone un crecimiento de más del 80%, solo explicable por la inyección económica que supuso la llegada del ferrocarril.

No será hasta bien entrado el siglo XX cuando la barrera que supuso la circunvalación de “Hernán Cortes”  sea sobrepasada, pero de ello ya habrá ocasión.

abarrantes01.wordpress.com

 

 

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