Los avatares de la patata

La Feria 2014

Antonio Barrantes Lozano

Reciente están los fastos que  Villanueva organiza en torno a la tortilla de patatas, a la que damos  por cierto su origen serona, en nuestro pueblo, fruto de las preocupaciones del ilustrado villanovense  D. José Tena Godoy y Malfeito.

Dicen que cada tiempo tiene su afán y todo nace envuelto en el contexto temporal que le toca vivir. Pero,  ¿por qué fue precisamente la patata el centro de tantos desvelos?  Era la patata una de tantas de las  plantas desconocidas en Europa y desembarcadas por los aventureros españoles en el Viejo Continente a la altura del siglo XVI. No fue muy venturosa su llegada y como plato, denostado por las mesas más exigentes, quedando relegado el tubérculo a servir como  alimento de animales o a ser solución última a las hambrunas de las clases menestrales. Tan denigrada estuvo su fama que incluso se la consideraba como portadoras de enfermedades  de vergonzoso origen, como la lepra, o afrodisíaca, animadora silenciosa del apetito sexual; si así lo hubiera sido, seguro que pronto se le habría retirado el infundio de venenosa; pero, ni anima en los dormitorios y  para bien de la humanidad, es  mefítica.

Tuvieron que cambiar los tiempos y la mentalidad de los hombres. El Siglo XVIII marca el hito donde la humanidad gira hacia los tiempos modernos, se descubren nuevas exigencias y surgen nuevas necesidades. Todo se hace más terrenal, más humano. Las clases dirigentes, nobleza y clero, hasta entonces montadas en la nube de sus privilegios, intuye el peligro en la presión de los menesterosos que habían crecido más de lo que habían disminuido ellos. La nueva filosofía abría la mente humana a otras concepciones sociales y económicas que se propusieron afrontar los problemas con soluciones novedosas. Y una de los más urgentes remedios que  había que buscar era el que resolviera el problema de la alimentación de una población en crecimiento incesante.

He leído que la patata vino a ser la salvación de buena parte del proletariado preindustrial que  ya se concentraba en el entorno de las grandes urbes europeas. Remedio inmediato a las hambrunas endémicas que asolaron  Europa de Este a Oeste.

Fue en PrusiaFederico II el Grande, ( 1712- 1786) quién la introdujo de forma decidida y trató por todos los medios de que su cultivo se generalizara. Legisla al respecto y con una orden del 24 de marzo de 1756 obliga intensificar su cultivo.

Se cuenta que mandó plantar  los primeros patatales en los jardines  de Berlín e hizo que los soldados los cuidasen, para hacer ver su importancia a los ojos de sus súbditos. Abandonada la vigilancia adrede, los campesinos, como quería el rey, robaron y probaron esta «manzana de tierra» y más tarde la cultivaron ellos mismos. Aparte de la anécdota, lo que sí sabemos es que sus ejércitos, tantas veces victoriosos, la llevaban en su dieta.

Verdad o no, no es el caso de discernir, pero sabemos que las cosas importantes, aunque sea de casualidad, siempre las encuentran los sabios. Providencial fue, que un botánico y farmacéutico, francés y detentor de las ideas del siglo y, como tal, comprometido con su tiempo,  cayera preso de las tropas alemanas.

Fue Antonio Augusto Parmentier, expresidario ya,  que como gesto de agradecimiento llegaría hasta el rey para ofrecerle las excelencias de este tubérculo por haber sobrevivido, él y miles de compañeros de infortunio, gracias a la patata presente en el menú de las prisiones prusianas.

Se cuenta que en Versalles, en la onomástica de Luis XVI, el  25 de agosto de 1785, que  ya andaba preocupado por la hambruna que asolaba el País, rodeado  de amigos se acerca Parmentier al entonces poderoso Rey a entregarle unas  flores a la vez que le decía: “Señor, quiero ofreceros un ramo digno de su majestad: La flor de una planta que puede solucionar la alimentación de los franceses”.” Aceptado el agasajo se vuelve a  la Reina y exclama: “Señor, a partir de ahora el hambre es imposible”.

Más tarde, Parmentier escribiría un libro titulado “El tratado de la patata” en cuya presentación ofrece a Luis XVI un banquete hecho exclusivamente con patatas cocinadas de diferentes formas. Parmentier es laureado por el Monarca y la patata incorporada a la lucha contra las hambrunas, calamidad  que acechaba en aquellos tiempos.

Esos los aires que soplaban por Europa  no eran muy distintos  que los soplaban en España, aunque algo más contenidos que en la belicosa Francia.

Cuando ocurre el feliz alumbramiento a lo que en su momento llaman fruta de sartén y con el tiempo sería la  tortilla de patatas, corría el año de 1798 y reinaba en las Españas Carlos IV, a la par que en Francia se asentaban los aires revolucionarios.

José Tena Godoy y Malfeito, era un villanovense fisiócrata e ilustrado y como tal preocupado por las necesidades de la nación que eran también las de su pueblo. Villanueva era una ciudad organizada al modo de la Orden de Alcántara, con Gobernador, alcalde Mayor y de ordinario, de hermandad, notarios y alguacil, con nobleza y clero, destacando el Prior de la Orden, que había establecido su residencia aquí, desde que D. Juan de Zúñiga perdiera el don de Maestre para convertirse en arzobispo de Sevilla. De unos mil quinientos vecinos, ( alrededor de 5.500 habitantes) era el de mayor población del Partido de la Serena; acuciada su economía, exclusivamente agrícola, por la estrechez de su término, constreñido por el de los pueblos limítrofes,  los predios de la Encomienda de Castilnovo y las propiedades del Marqués de Perales, que gozaban de administrador judicial propio y en los que en ellos “ningún aprovechamiento le estaba permitido a tan dilatado vecindario;”[1] y como era habitual en la radiografía social de la época, muy abundante en pobres y menesterosos.

El pueblo, como el País, necesitaba remedio a sus necesidades. Se necesita abaratar el pan. La harina es escasa y cara y se busca un sustituto, pero se estaba reacio ante las nuevas semillas, los métodos nuevos y las utilidades que se afirma poderse sacar de ello, nos dice D. José en su Carta.

El cultivo de la patata, que se intuía que podría sustituir al trigo en la fabricación del pan, era muy reducido o nulo por el repudio social que todavía levantaba y todos los intentos que se conocían para introducirla en la dieta, hasta el momento habían sido objeto de burla.

Con la precisión de un hombre de ciencias y haciendo algunas variaciones al método del cura de Linares, nos dice el autor,  procede a desarrollar su experiencia que culmina con éxito y la aprobación de los presentes.  “todas  las señoras votaron que de esta masa, particularmente si se mezcla con  huevos, se haría la excelente fruta de sartén…”

Y esto fue el embrión, surgido fruto de la necesidad y constancia de un hombre comprometido a finales del siglo XVIII, aquí en Villanueva, de la tortilla de patatas; humilde y sencilla, pero no por eso indiferente a los paladares más exigentes.

abarrantes01.wordpress.com

 

 

[1] Del Interrogatorio de la Real Audiencia de Cáceres. 1791. Del Magistrado Cubeles.

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