La evocación de una Cruz

Cruz de misiones en procesión 1943

La evocación de una Cruz
A. Barrantes Lozano
En un trabajo mío, ya pasado, decía que la fotografía tiene la magia sostener en el tiempo la imagen de lo que fue. Lo decía tras haber contemplado una vieja fotografía que en mí evocaba lo que está al filo de la memoria, apunto de escaparse y que la pátina de la sepia parece querer atrapar. Vi la fotografía en un bar, hoy también se ha ido el bar, que exhibía varias de ellas con vistas y paisajes ya desaparecidos de nuestro entorno local. Son antiguos documentos gráficos, soporte visual de la historia que se nos va, de la sociedad, de uno mismo, que nos evocan el pasado. Son fotografías antiguas, viejas, amarillentas por el tiempo que milagrosamente respeta las tintas artesanales de la cuba del primitivo fotógrafo.
Hoy miro otra fotografía, también antigua, como todas las que lo son aporta un pasado evocador para el que la contempla y de alguna manera le trae recuerdos gratos; la memoria con los años se hace selectiva y olvida los desagradables, total para qué; mejor así.
Me la ha hecho llegar Pepe Benítez, hoy, el documento, pertenece a la Hermandad de la Santa Cruz, cuyos responsables, con constancia y afán están formando un buen archivo con la historia de la misma que no es otra que la historia del populoso barrio y por extensión de la propia Villanueva.
La fotografía rememora otra época, otras personas. Se hizo en los años difíciles de la posguerra, en tiempos en el que se carecía de todo y por no tener, el barrio no tenía ni Cruz para celebrar sus fiestas, fiesta antiquísimas; la Hermandad se fundó en el siglo XVI y aunque tuvo altar en la Iglesia Parroquial de la Asunción, con la guerra civil todo desapareció, como desapareció parte crucial de la historia de la Ciudad.
La fiesta de la Santa Cruz viene celebrándose desde tiempo inmemorial, junto a otra, de carácter pagano, las mayas, tan propias y características de Villanueva. Son días feriados de carácter lúdico religioso y muy populares, que llenan al barrio de bullicio y color gracias al tesón de las personas que dirigen la Hermandad, que presume ser la más antigua de la Ciudad, y el empeño parroquial que mantienen y potencian la tradición.
El hecho procesional de la Cruz por las calles del barrio es el acto central de la fiesta, se hacía antes y se hace ahora, ininterrumpidamente desde 1938 hasta nuestros días.
Vuelvo a la vieja fotografía, es el instante de la procesión, una más. Podríamos dudar de la capacidad de evocación del documento si no fuera por las características de la Cruz procesional.
Es una instantánea antigua, en ella se ve que soportan las andas unos señores de domingo, como la ocasión lo requiere, ataviados con escapulario, todos reconocibles por sus familiares, que en el documento nos han dejado su recuerdo y el legado que hoy pretendemos ceder a los que vengan detrás.
Podría ser una instantánea de tantas sin más importancia que la llamada de atención que produce la normalidad y el paso de los años. La fotografía, como fuente de información, encierra un mensaje de la historia de la Fiesta, de la Cruz y del Barrio, un mensaje humano de hombres y mujeres de una determinada época y a través de ella, una serie de curiosidades que vamos a intentar resaltar.
Como fuente de nuestra historia hay que centrarse en el tiempo, aunque carecemos de la datación fidedigna en fecha y hora, sin temor a equivocarnos, afirmamos que se tomó a mediados de los años 50 del siglo pasado, hoy sesenta años después leemos su mensaje. De los hombres que la portan, antiguos vecinos del barrio, queda la familia, los que los conocieron, y sus testimonios nos sirven para concretar la fecha y el lugar, no queda duda, es la festividad de la Cruz en su acto procesional.
Eran años difíciles y la sobriedad y el escaso boato que se observa nos hablan de la humildad de los medios que en aquel momento aquellos hombres disponían. ¡La Hermandad, tan antigua, tan arraigada, carecía de Cruz propia.!
La Cruz que vemos es una Cruz de misiones, habituales por aquellos años; en los rescoldos de la posguerra nuestra autoridades civiles y religiosas mostraban un afán desmedido pro una nueva evangelización, para lo que se valieron de las regladas misiones, que por aquí, en Villanueva al menos, correspondió a los Padres Jesuitas. Durante unos días se invitaba a la población a la reflexión cristiana, a la meditación y al rosario de la aurora. Las celebraciones solían ser muy concurridas y las prédicas de los padres misioneros eran escuchadas por muchas gente a las que se les animaba al arrepentimiento y conversión. Aquellas misiones se repitieron con cierta regularidad, tengo anotadas algunas, como la de 1943, o la desarrollada en 1953, con motivo de la presencia de la “Virgen de Fátima,” procedente de Portugal, en Villanueva, la de 1961 y posiblemente alguna otra posterior.
Era costumbre al término de cada periodo de predicaciones, solían durar unos 7 días, que los padres misioneros dejaran en custodia de la comunidad una Cruz grabada con las fechas del acontecimiento a la que se le agregaba las de las misiones que a lo largo del tiempo se irían sucediendo. En la Parroquia de Ntra Sra de la Asunción, aún se conserva, en la pared que cierra el paño sur, una cruz con las distintas fechas en las que hubo misiones.
Si nos fijamos en el documento gráfico, la Cruz procesional es una Cruz sencilla, sobre unas andas igual de sencillas, a hombro de unos portead

Familia Bernabé

ores rodeados de jóvenes ataviadas con trajes regionales y un cortejo de fieles que celebran la festividad. Es la Cruz de las misiones del 15 de abril 1943, como consta en el pie de la misma. En los brazos horizontales unas flores, propias del mes de mayo, tapan la leyenda, “Santa Misión,” como disimulando su origen.
Sabemos que esta Cruz fue cedida por los padres misioneros a la comunidad cristiana de la Cruz del Río, bajo la responsabilidad y custodia de la Hermandad de la Santa Cruz, a modo de depositaria, por carecer de Iglesia parroquial donde dejarla. La Cruz solía estar en lugar preferente de la casa del Hermano Mayor, a modo de altar; allí acudían los fieles con sus ofrendas y con sus oraciones; el día de la fiesta, el 3 de mayo, tras la procesión, quedaba expuesta en el porche de la vivienda número 1 de la Plaza Cruz del Río. La Cruz que vemos en la fotografía, fue la Cruz que presidió los actos litúrgicos hasta 1961, fecha que fue sustituida por la talla actual, de alto valor artístico.
Como apuntaba, la fotografía nos lleva a otras curiosidades. Al dejar de usarse en los actos religiosos, la Cruz permaneció en la casa de D. Manuel Bernabé Murillo, calle Miraflores 136, que fue Hermano Mayor de 1952 a 1959, hombre ejemplar al decir de los que le conocieron, y custodiada con celo por su esposa, Dña Antonia Hidalgo García, y allí quedó, olvidada como objeto de culto.
La Providencia y celo de los descendientes de D. Manuel Bernabé han posibilitado que la Cruz, como reliquia haya sido redimida y hoy podamos verla en el archivo histórico de la Hermandad. No cabe duda que la de la fotografía que comentamos es la Cruz que se veneraba y sacaba en procesión en los años cincuenta. La fecha de la Misión de 1943 fue modificada y en su lugar se imprimió la de 1961, aquella que predicaron en el Barrio los Padres Gijón y Escribano, de la que ya hice referencia en otro número de esta misma revista.
Durante más de 50 años de olvido, merced a los cuidados de Dña Manuela Ana García Bernabé, nieta de D. Manuel y Doña Antonia, vemos que se ha conservado y a su generosidad se debe que hoy con su rescate se rescate una parte importante de nuestra Historia.
abarrantes01.wordpress.com

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