Fervor, patrimonio y cultura

 

Alegoría a la «Carrerita» obra de José Carmona

Fervor, patrimonio y cultura
A Barrantes Lozano
Hace unos años, concretamente en 2005, tuvo el privilegio de pregonar la Semana Santa, en Villanueva. No es el oficio de pregonero poca cosa, después de mi experiencia felicito a todos y cada uno de las personas que por ella han pasado, y no quiero desanimar por esto a los que se les requiera.
Recuerdo que lo hice atendiendo la petición de mi buen amigo Manuel Sánchez Gálvez, un hombre de recia preparación en los principios católicos, sólidos y a su manera, que a veces era difícil de entender entre los que no los tenemos así. Su vida, hasta su muerte, la vivió para la Semana Santa de su pueblo, de “su” cofradía y de las demás Cofradías, a las que unió en un organismo superior: la Junta de Cofradías. Para él esta pequeña reseña en su recuerdo y admiración de los que bien le conocimos. A su trabajo de debe que nuestra Semana Santa, la que se celebra en Villanueva, haya alcanzado el boato y la movilidad social que hoy disfruta.
Comenzaba mi exposición con las zozobras iniciales, por otro lado lógicas debido al compromiso que se contrae, pensando el modo de hablar de la Semana Santa, en el marco de la Iglesia Parroquial y ante unas gentes que me merecen el máximo respeto.
Rápidamente recapacité y me pregunté: ¿ qué es hoy para tí la Semana Santa? y comencé a rebobinar mi vida. Como un torbellino pasaron todas las Semanas de Pasión que he vivido y cómo las he vivido que ya, en plena madurez, han sido muchas.
Me traslado a las primeras vivencias, las de mi casa, con las limitaciones propias de la época; la de mi escuela, ¿quién no tiene bellos recuerdos de aquella escuela donde te enseñan a dar los primeros pasos en lo incomprensible. De aquellos maestros abnegados, largos de trabajo y cortos de sueldo, tenaces en sus principios.? ¡Bendita escuela del Cristo!. A veces me pregunto, yo como maestro, cómo podrían trabajar aquellos hombres con 40 alumnos y obrar, en aquellas aulas, el milagro de aprender. En aquella escuela, de leche en polvo y queso de bola, durante años con el mismo maestro y con el mismo libro, allí nos acercaron a los misterios de la fe, la fe sencilla que se transpiraba con la recitación del Catecismo. Pero aquello quedó atrás y lo recuerdo y queda en mi interior, como algo indeleble en mí, formando parte de lo que soy.
Hoy la reflexión la llevo por otro camino, que no por ser más prosaico carece de interés. Ahora pienso que la Semana Santa aportan más a la ciudad, más allá del fervor religioso, es incentivo de movilidad social y sostén de valores culturales y patrimoniales.
Sabido es que las guerras no son muy afortunadas; arrastran vidas y patrimonio. Suerte que corrió la imaginería local y el Archivo Parroquial donde inscritos estaban todos nuestros antepasados, desde que el archivo era archivo, o sea desde antes del siglo XVI.
En Julio del 36, en plena marea revolucionaria, sin control alguno, una ola iconoclasta propia de tiempos muy pasados, las imágenes religiosas fueron destruidas y el archivo víctima de las llamas. Con aquellas llamas, ardió también parte de nuestra historia. Bueno es conocerlo, para no repetirlo.
Después quedó la tarea era recuperar el patrimonio. La gente implicada en las distintas congragaciones o cofradías se pusieron a ello, y en poco más de 70 años se ha conseguido para la ciudad un conjunto imaginero/religioso muy digno, si lo contemplamos desde el punto de vista artístico.

Memorial a Manuel Sánchez Gálvez

En nuestros actos procesionales podemos admirar la aportación de diversos escultores/imagineros de reconocido prestigio. De Eduardo Pino es la imagen de “Ntro Padre Jesús de Nazareno” de gran realismo plástico, tanto en su cara, que refleja un dolor sereno, aceptado, como en sus manos, de suaves y expresivas líneas, que sujetan la Cruz. Llegó a Villanueva en 1942 y desde entonces sale en procesión el Miércoles y Jueves Santo. Completa el cortejo procesional desde 2010, una escultura de la “Virgen del Calvario” del sevillano Miguel Ángel Valverde, imaginero, nacido en Carmona (Sevilla) en 1970; de E. Pino es también la imagen de la “Virgen de la Soledad” que sale en procesión el Viernes Santos. La impronta del escultor queda reflejada en la cara de la imagen. De suaves trazos, una cara dulce y resignada de Mujer, abatida por la suerte de su hijo, llena de resignación y esperanza. Es Eduardo Pino, un escultor villanovense a cuya gubia debemos la talla del “Corazón de Jesús” o de la “Inmaculada”, ambas se pueden contemplar en el templo parroquial.
El Jueves Santo sale en procesión la magnífica imagen del llamado “Cristo de la Pobreza”, que vino a sustituir en 1948 al destruido Cristo de la Escuela de Martínez Montañés que llegó a Villanueva por la Venerable Escuela de Cristo y desaparecido en el verano de 1936, es obra del universal extremeño Gabino Amaya, nacido en Puebla de Sancho Pérez en 1914. Como artista su fama ha trascendido fronteras y su obra está muy considerada en todos los ámbitos.
Es el “Cristo de la Pobreza” de un realismo prodigioso, muy próximo a los “cristos” que nos dio el arte sacro barroco del siglo XVII.
También podemos gozar de la maestría de Mariano Benlluire, pintor y escultor valenciano considerado entre los más grandes escultores españoles del siglo XX. Aquí deja su impronta en la talla de la “Virgen de los Dolores “ que llegó a Villanueva de la mano del propio D. Mariano el 25 de julio de 1943. Sale a la calle el Viernes llamado de “Dolores” y el Jueves Santo.
Es una imagen acorde con la fama del artista, sorprende la serenidad de su rostro, con el lógico dolor de una madre ante la tragedia de su hijo, pero que nos deja entrever una belleza serena que transmite resignación y esperanza a través del suave perfil de sus líneas.
Actualmente Villanueva goza de buenos escultores o imagineros entre los que podemos destacar: Ramos, García Lozano, Morales , Calderón Silos y alguno que otro que puede que se haya quedado en el tintero. Por su aportación al arte sacro de la ciudad destacamos a Eduardo Acero, como los demás, nacido en Villanueva, a sus manos debemos la popular “Carrerita,” que data de 1995. Representa a Ntra Sra de la Aurora que sale en procesión junto a la imagen de Jesús Resucitado, este de la factoría de Olot, el Domingo de Resurrección. Es la imagen de María, un imagen digna, que él modela con apenas 29 años. Procura transmitir la sorpresa y alegría de una madre en pos de su hijo que considera perdido. El escultor, muy villanovense, consigue en su obra trasladar a la imagen lo que el pueblo, muy festivo, siente ese día del Domingo de Resurrección.
Y no solo son imágenes, también nos ha llegado un legado histórico monumental, que aunque no es muy generoso, sí es lo suficiente significativo para ponerlo en valor y cuidarlo; es lo que se ha hecho en la Capilla del Santo Sepulcro, recientemente. No puedo evitar acordarme de nuevo de Manolo, de las muchas horas, durante años, que pasaba allí. Su preocupación era continua por la Capilla abandonada de cuidados durante siglos. El sabía de su valor patrimonial para la Ciudad y le dolía su estado. Por el empeño de la Cofradía y la buena disposición de las Autoridades municipales se ha podido llevar a cabo la obra que tanta falta le hacía.
Manolo, cuya memoria se guarda en la puerta, estará satisfecho.
Lo dicho, la primavera arranca con fervor religioso, exhibiendo patrimonio y cultura.

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