La desaparición del Paseo

Estado en que queda la Zona el 10 del 12 de 1933

El Paseo un día de Sorteo de los «Quintos»

La desaparición del Paseo
A. Barrantes Lozano
En la última entrega que en este mismo medio se publicó el 15 de febrero pasado, se hacía referencia al “Paseo de S. Francisco” como espacio considerado del bien común de los villanovenses, y hoy desaparecido por causas que se apuntaban como dignas de otra reflexiones.
No es solo motivo de nostalgia la pérdida de este espacio público entre los que lo conocimos, es algo más, y eso ya se nos antoja insustituible. En el desaparecido Paseo, o en sus inmediaciones, giró la historia de la Ciudad, y se desarrollaron hechos, que podemos afirmar sin caer en la petulancia, que aparecen en los anales de la historia de España.
Noticias tenemos del establecimiento de un Batallón Militar en la ciudad en torno al año de 1880, pero no fue hasta el 1904, cuando con fecha de 26 de noviembre, se lee un “ R.O. de 2 del mismo mes, procedente de la Capitanía General de Castilla la Nueva, en el que se dispone la creación en la ciudad de una Caja de Reclutas y Plana Mayor de un Batallón de 2ª Reserva… solicitando al Ayuntamiento se pronuncie con la debida urgencia de su disponibilidad.
La Comandancia Militar o Zona tuvo gran importancia para la economía de la Ciudad. El sorteo de los “quintos” que se celebraba en sus dependencias anualmente, atraía a numerosas familias de toda la comarca que acompañaban a los mozos a compartir su “suerte,” dando a la ciudad un aspecto feriado y bullicioso con el consiguiente beneficio para su comercio y hostelería, siendo el Paseo el lugar de encuentro por su cercanía al acuartelamiento.
En el año de 1923 se acordó, como se venía haciendo en muchos puntos del País, colocar allí una estatua homenaje al “Corazón de Jesús” para conmemorar de este modo su consagración a la humanidad, según la Encíclica Annu Sacrum de León XIII, de 1899. El monumento se erigió, según constaba en su pedestal, por “Los hijos de esta Ciudad, entre los que figura con honor el Exmo Marqués de Torres Cabrera…”
Con la proclamación de la II República, el Ayuntamiento electo no consideró apropiado un monumento público de signo religioso y tomo la decisión, el 16 de octubre de 1931, de “desplazarlo” del lugar; la medida fue muy protestada por los medios católicos con escritos y recogidas de firmas entre la población, no consiguiendo hacer desistir a las autoridades y la estatua fue retirada en 1932. Aquello que se pudo considerar como una simple medida administrativa, acabó en un conflicto social de carácter religioso que marcó la vida efímera de los Ayuntamientos de la Ciudad en II República, por el distanciamiento ideológico de un amplio espectro social. Años más tarde, a mediados de los 50, se volvió a levantar, después de restaurada, en la Plaza que lleva su nombre.
El espacio, por su situación urbana, acogía las atracciones en los días feriados de febrero, cuando la feria de febrero era de las más importantes del País, y las fiestas veraniegas de agosto en torno a S. Bartolomé y en el que multitud de jóvenes paseaban sus primeros amores. Con la desaparición del Paseo, se puede afirmar, se fue parte de la intrahistoria de Villanueva que en definitiva es la historia que hicieron sus habitantes.
El “Paseo de S. Francisco,” entonces de “Pablo Iglesias,” también figura en los anales de la historia de España. Testigo preferente de los luctuosos sucesos del 9 de diciembre de 1933 que trascendieron del ámbito local con repercusiones a nivel de Estado. El golpe anarquista del Sargento Sopena, atrincherado en la Comandancia Militar, se saldó con diez muertos, entre ellos dos miembros de la benemérita. Desde sus aledaños fueron reducidos los rebeldes y la fotografía de los guardias parapetados en sus muros dio la vuelta al mundo.
Por su solar desfiló el destacamento de la Guardia Civil, al mando del Capitán Gómez Cantos, instando a los Jefes de la Comandancia a unirse a la sublevación del 36, que acabó con el orden constitucional en la Ciudad el 19 de julio. Todos estos hechos tuvieron su hipocentro en el añorado Paseo.
Pasado el conflicto Civil vuelve a recuperar su nombre y sus funciones. Aunque su carácter de espacio como público común lo pierda en el año de 1959. Un ambicioso proyecto urbanístico fue presentado a nuestras autoridades por dos promotores foráneos que solicitaban su solar al que pretendían transformar en área de servicios y viviendas de nuevo cuño que, sin duda, daría a la ciudad un aspecto moderno y cosmopolita. En el pleno municipal, 15-1-1959- se lee un escrito que dice lo que sigue: “ se expone el deseo de adquirir en el Paseo de S Francisco terreno en la cantidad precisa para edificar una estación de autobuses, un cine, hostal, bar y sala de fiestas”.
Se acuerda aceptar en principio dicha idea y facultar a Sr. Alcalde Presidente para que inicie las negociaciones pertinentes…
Ahora resulta sorprendente la rápida aceptación por parte de nuestras autoridades a tal proyecto sobre unos solares de los que, de momento, no se tenían competencia por ser de dominio público. Para salvar el escollo, en el Pleno del 20 de marzo del año que comentamos se acepta la moción de la alcaldía que permitiría “la alteración jurídica de los citados terrenos para convertirlo en solar de carácter de bien propio para que pueden ser enajenados con las formalidades legales para construir sobre los mismos aquellos edificios o instalaciones que la Corporación estime de interés para este municipio.”
Se abrió el preceptivo expediente que se tramita de acuerdo con el artículo 8º del Reglamento de bienes de Entidades Locales de 27 de mayo de 1955.
Cumplido el periodo de información pública a través del Boletín Oficial de la Provincia, de 2-IV-59, se pasó a fijar las condiciones de cesión y valoración del solar, que se cifró en 845900 pesetas, según peritaje de los señores: D. Ricardo Salgado Moreno, Capataz de Obras del Exm Ayuntamiento y D. Pablo Gallego Mendoza, Maestro de Obras, nombrados para tal fin.
En la bases para la subasta, que la legalidad requería, se fijaban una serie de prestaciones a cambio de la cesión de los terrenos, figurando principalmente el asfaltado de varias calles con una condiciones determinadas por el peritaje.
La subasta de los terrenos se llevó a cabo el 20 de julio adjudicándoselos, como estaba previsto, a los citados promotores por ser los únicos licitadores.
Las condiciones de prestación y contraprestación se recogieron en la escritura de compraventa firmada en la notaria de D. Antonio Álvarez-Cienfuegos del día 12 de agosto de1959.
Las obras tendrían un periodo de ejecución de cuatro años, pero pasados estos sólo un bloque de ocho viviendas y dos locales comerciales habían sido construidos, y pavimentados 382,12 m2, de los 3854 previstos, lo que llevó al nuevo Ayuntamiento, el 26 de marzo de 1965, a proponer la resolución del contrato, que implicaría la pérdida de fianza constituida y la reversión de los terrenos a la propiedad municipal.
Ante tal situación, los Señores adjudicatarios acudieron a la vía contenciosa. La Audiencia Territorial de Cáceres con fecha 17 de mayo de 1966, desestima el recurso declarando conformes a derecho los acuerdos adoptados por el Ayuntamiento. Como suele ocurrir en estos casos, la situación se alargó durante años no cerrándose definitivamente hasta 1971, pero ya el espacio estaba condenado, nuevas intervenciones municipales ocupan el espacio que quedaba con la Residencia de la tercera edad, el Mercado de Abastos y los Juzgados. En nosotros, al menos, perdura la memoria de lo que fue.
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