El Tesoro de Villanueva

El Tesoro de Villanueva
Centro Cultural “Rufino Mendoza” 23 de noviembre de 2015
Presenta: Antonio Barrantes Lozano

Fue en noviembre de 1987, concretamente el día 11, una noticia vinoTesoro 4 a dinamizar la de por sí tranquila vida de Vva de la Serena. Corrió de voz en voz y de calle en calle. ¡Un tesoro! Con lo que de misterio tiene eso. Un tesoro en Villanueva, sonaba aquello como suena el “Gordo” de Navidad.
Quién nos iba a decir a nosotros que allí, donde habíamos estado tantas veces, donde habíamos disfrutado de tantas tarde de cine, viendo películas en las se aplaudía cuando aparecía el “bueno”, donde nos enterábamos de las noticias y documentales más interesantes del momento, allí, abajo, a la izquierda del patio de butacas se encontraba un tesoro. Recuerdo las colas que llegaban hasta la calle “La Palma”, celosamente vigiladas por la guardia municipal, esperando que se abrieran las puertas del Cine Rialto, el que llamábamos de invierno, en el que se proyectaba “Los Piratas del Caribe” o “Marcelino, pan y vino.” Pues sí, allí, en el destartalado cine, algunos años después, saldría a la luz una magnífica colección de monedas, orgullo de la numismática nacional y producto de las precauciones de alguien que a decir verdad, debió tener muy mala memoria al haberlas dejado allí, enterradas, como se entierran los tesoros, sin notificar nada a sus deudos que, téngalo por seguro, nos hubieran desheredado.Tesoro 5
Fue durante los trabajos de adecuación del local que había pasado a ser propiedad de la Junta de Extremadura y se remodelaba para “Casa de Cultura”, bajo la administración del Ayuntamiento de Villanueva. Un obrero, un honrado obrero, topó con su pico sobre ellas, su curiosidad le llevó a meterlas en la bolsa de su bocadillo, pensando que aquello no sería más que las conocidas monedas de chocolatina. Más tarde, Sebastián Fernández Iglesia, de Acedera, notifica a sus compañeros el hallazgo, intuyendo la importancia del mismo. Junto a su jefe, Pilar Murillo Romero, conocido constructor local, lo hacen saber al Sr. Alcalde, D. Francisco García Ramos.
La noticia como era de esperar, corrió rápida por todos los mentideros, y dos días después del hallazgo, el 13 de noviembre de 1987, el Sr. Director General de Patrimonio, requiere al Exm Ayuntamiento se le detalle lo descubierto, el nombre de la persona o personas descubridoras y estrategias a seTesoro 1guir para su custodia. Todo basándose en el Art. 351 del Código Civil, que asegura, que aquellas personas que encuentran un objeto valioso que sea catalogado como patrimonio histórico, el Estado le recompensará, tanto al descubridor como al dueño del terreno, si lo hubiere, con el 50% de la tasación de la pieza a repartir por partes iguales.
D. Sebastián, en un gesto que lo enaltece, había decidido compartir el hallazgo con sus compañeros, incluido el empresario, como así consta en acta firmada ante el Sr. Notario, D. Andrés Pino Pelaz de 13 de noviembre de 1987, en la que convienen:
 Repartirse a partes iguales el montante del valor del hallazgo que les corresponda e igualmente acuerdan otorgar poder al letrado D. Mariano Gallego Barrero, al objeto de reivindicar los posibles derechos inherentes a lo descubierto.
Las monedas, provisionalmente quedaron en la caja de seguridad de nuestro Exm. Ayuntamiento, levantando la curiosidad popular, lo que llevó a las autoridades, en un escrito fechado el 4 de diciembre de 1987, a solicitar a Patrimonio poder exhibirlas públicamente, requerimiento que fue contestado afirmativamente por el Sr. Director General de Patrimonio, el villanovense, D. Pedro Benítez Cano Moreno. La exposición se llevó a cabo entre los días 14 y 20 de diciembre.
A fin de catalogar y valorar las monedas, estas fueron enviadas a la F.N.M.T que las devuelve el 7 de abril de 1988, y su dictamen eleva el montante de lo hallado a 15. 628. 300 pesetas.
El tesoro consta de 149 monedas, correspondiente a los reinados de Carlos III -45- Carlos IV – 64 – y Fernando VII – 40 – siendo la CECA más temprana la de 1772, en el Nuevo Reino y la más próxima a nosotros de 1822, en Madrid y en Nuevo Reino.
La valoración concreta de cada una de las monedas facilitada por la F.N.M.T. varía entre las 25.000 pts en las que fueron tasadas dos monedas, una de 1805, y otra de 1806, ambas por valor de 8 escudos, acuñadas en el Nuevo Reino y pertenecientes al reinado del Carlos IV, y las dos monedas que superaron las 400.000 pts , una perteneciente al reinado de Carlos III, de 8 escudos, acuñada en Madrid en 1783 y tasada en 420.000 pts y otra de 320 reales, acuñada en Madrid, datada en 1822, perteneciente al reinado de Fernando VII.
El Tesoro, después de su primera exposición al público y posterior tasación oficial fue depositado en la caja de seguridad bajo la responsabilidad del Ayuntamiento de Villanueva.
En noviembre de mil novecientos noventa y cinco, siendo Alcaldesa Dña Maria del Carmen Serradilla, las monedas ven de nuevo la luz ante la presencia de Dña Paloma Mozo García, Notario del ilustre Colegio de Cáceres y residente en la ciudad, actuando de testigos los distintos portavoces de los grupos de la Corporación. El entonces depositario presenta un paquete que manifiesta que es el que le fue entregado para su custodia el 7 de abril de 1988 procedente de la F.N.M.T. y lo entrega en idénticas condiciones en las que lo recibió. Procedió a su desprecintado D. Manuel Pajuelo, entonces interventor, observándose que en el mismo hay 149 sobres que a su vez contienen 149 monedas . D. Joaquín García Campos, joyero de la Ciudad, con dos monedas, cogidas al azar, manifiesta que realizada la prueba química sobre las mismas, resultan ser de oro y coinciden con las pruebas realizadas en el año 1987. La caja con las monedas, debidamente precintada y sellada, quedó depositada en la Caja fuerte del Ayuntamiento a cargo del depositario D. Antonio Jiménez. De todo ello levantó acta la referida Notaria.
Aunque de la autenticidad de las monedas nadie albergue dudas, si quedan algunos cabos sueltos que posiblemente sigan así. Resulta difícil de constatar por qué, quién o quienes las guardaron allí con premura y con tan pocas precauciones, ya que estaban cubiertas sólo con tierra, no contenidas en ninguna caja o ánfora que las protegiera, sabiendo su dueño el valor que tenían, si no fuera así, no las hubiera escondido. Todo nos hace pensar, que sólo el temor a que en algún momento le fueran requisada explica este peculiar modo de ocultarlas.
Datar cuando fueron depositadas nos resulta imposible. El Caserón, que fue transformado en Cine, nos consta que tuvo varios dueños. Los datos del Registro de propiedad, publicados en su día, nos remontan al año de 1845, sucediéndose varias transacciones, hasta que pasó, en 1945, a ser propiedad de la empresa CI-GO, estableciéndose allí el Cine Rialto.
El celo de su primitivo dueño unido a su mala memoria hace posible que podamos llevar a cabo la exposición que hoy inauguramos, y con ello exaltar la memoria de los trabajadores D. Sebastián Fernández Iglesia, D. Pilar Murillo Romero, D. Manuel Guijarro Miguel, D. José Fruto Gómez, D. Juan Manuel Gallardo Jiménez y D. Juan Félix Pérez Amaya, que de forma solidaria acordaron dar cuenta de ello a las autoridades, en un gesto que les honra a la vez que enriquece nuestro patrimonio.

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