En un día como hoy, hace 40 años

En un día como hoy, hace 40 años

En un día como hoy, hace 40 años, un presidente de gobierno, de voz afectada, lagrimoso, decía: “españoles, Franco ha muerto” anunciaba, así, a los españoles la muerte oficial del General Franco. La noticia que escuetamente comunicó el entonces presidente, D. Carlos Arias Navarro, a nadie sorprendió, pues era una noticia esperada. El ilustre enfermo llevaba ya tiempo es estado crítico, si nos atenemos a las notas, oficiales y oficiosas, que la contralada prensa filtraba. De aquello hace ya cuarenta años. Cuando murió el General Franco todo fueron elucubraciones y los más afirmaban que su gobierno había durado mucho tiempo; cosa curiosa, si cuarenta años parecieron una eternidad, estos últimos, han ido demasiado deprisa. Ya sabemos aquello de la relatividad. Un camino se hace corto si es placentero, y muy largo con un garbanzo en los zapatos.
Recuerdo el año de 1975, con la nitidez que permite la nebulosa del paso de los años, pero la memoria es lo que somos, el espejo roto de nuestras vidas, y aunque algo se haya ido a la gruta del olvido, perdura, pues la geografía del tiempo está surcada, rememorando a Borges, por caminos de memoria. A ella me quiero aferrar huyendo de fuentes, hemerotecas y todo tipo de documentación que en estos largos años se han ido acumulando en las estanterías eruditas. Por todo, no ha de obviarse la carga subjetiva en la exposición de los hechos, así como la sucesión temporal de los mismos, espero que nada tergiverse su intención de veracidad.
¿ Cómo éramos, como nos recordamos y recordamos aquellos años?
Recuerdo luctuosamente que un día sí y otro también se oficiaban misas, a las que acudíamos los funcionarios, en recuerdo a los guardias asesinados por ETA, que, por entonces, ya estaba implicada en una frenética espiral de violencia criminal.
Violencia que en un golpe de audacia quedó subrayada con la voladura del coche del que fuera Presidente del gobierno D. Luis Carrero Blanco, el 20 de diciembre de 1973, dando un duro revés al corazón del sistema. La noticia me llegó al salir de clase, entonces regentaba yo un aula en los locales de la Comandancia Militar, o Zona, que es como se conocía en Villanueva al lugar donde se estableció un destacamento militar hasta finales de los años sesenta, y que eran anexas al Colegio “El Pilar” que carecía de espacios para acoger a toda la población escolar, lo que nos habla a la vez de la perentoria necesidad de la construcción de nuevos centros escolares, como así se hizo, construyendo, poco tiempo después, varios de ellos, como fueron “Santiago” y “Cervantes”, paso de gigante en la historia de la educación de Villanueva. Como una paso de gigante supuso la publicación en 1970 de la Ley de Educación General Básica, una ley que vino a modernizar las instituciones académicas y dignificar la función del profesorado, un avance cualitativo y cuantitativo, a pesar de las limitaciones que la ortodoxia del régimen imponía.
La muerte de Carrero sumió al régimen en un estado catatónico, más debido al horizonte terminal de la vida del General Franco que a la audacia terrorista.
Subió a la Presidencia del gobierno D. Carlos Arias Navarro, que a primeros de 1974 nos desayunó con lo que se vino a llamar el “espíritu del 12 de febrero” un leve intento aperturista, rácano y sin miras democráticas, que a nadie convenció. Al poco tiempo se cerró cualquier expectativa con el caso de Monseñor Añoveros o la ejecución de Puig Antich.
Todos fueron brochazos políticos de altura que apenas tenía repercusión en la vida diaria de los pueblos, ajenos a estos vaivenes tan alejados de sus intereses.
En Villanueva, como en toda la España rural, el fenómeno más significativo lo marcó la emigración, miles de extremeños, cientos de villanovenses acudieron a los mercados de trabajo del centro de Europa, provincias vascongadas o Cataluña. El cinturón de Madrid habla extremeño. El excedente de mano obra, debido a la mecanización del campo, y la exigencia de las garantías sociales a los trabajadores del mismo, provocó un éxodo sin precedente entre las clases trabajadoras, a la vez que las remesas de tanto emigrante, junto a la eclosión del turismo venía remediar la mal trecha balanza de pago del País.
Villanueva también sufrió la sangría, y, aunque algunos volvieron, son aún hoy, muchos los villanovense de aquella época los que andan por el mundo.
Vilanueva estaba gobernada por D. Manuel Romero Cuerda, un hombre que había estado unido al régimen y a la política local desde la terminación de la guerra civil. Accedió a la alcaldía en febrero de 1963, sustituyendo a D. Celedonio Pérez Álvarez.
Durante su mandato la ciudad se fue transformando en una ciudad de servicios. Su tiempo como alcalde se caracterizó por las grandes obras. Villanueva fue la primera ciudad extremeña con todas sus calles asfaltadas, eso sí, con un sistema de impuestos directos. Cada vecino participaba en la financiación de la obra en relación proporcional a los metros de fachada. Se acometieron actuaciones de importancia, unas más necesarias que otras, pero que supusieron cambiar la faz a la ciudad.
Entre las obras más polémicas emprendidas fue la demolición del Parque, entonces llamado de José Antonio, obra de 1928, para sustituirlo por otro de corte más europeo, modificando con ello todo el entorno de la Plaza, a la que ya se le había quitado sabor con la destrucción de toda la acera occidental, palacio del Marqués de Torres Cabrera incluido, en el solar se levantaron dos grandes bloques de pisos, los conocidos como “pisos del Parque”, suponiendo esta actuación la pérdida patrimonial más importante que ha sufrido la ciudad, ya de por sí pobre en este sentido.
Otra intervención urbanística de calado que se emprendió durante este mandato fue la apertura de la Avenida de Castelar a lo largo del ferrocarril, hoy es una importante vía, pero para su desarrollo hubo que expropiar varias propiedades y viviendas no siempre en conveniencia con los propietarios.
A partir de 1973, después de la alevosa muerte de Carrero, la avenida se llamó de “Carrero Blanco” Hoy de nuevo de disfrutamos con el nombre de Paseo de Castelar.
En un afán desmedido de mejorar la ciudad y dejar su huella, durante el mandato del Sr. Romero Cuerda se construye la Piscina Municipal, sobre terrenos de una antigua charca. En su día fue la zona de ocio más y mejor dotada de toda la comarca. Otra actuación de la época fue la apertura de un moderno ambulatorio médico, en los solares de la antigua Plaza de Abastos, también del periodo de Primo de Rivera.
Por aquella época el añorado Paseo de S. Francisco, estaba destinado a desaparecer. Unos proyectos propiciados por la anterior Corporación, entonces mandada por D. Celedonio Pérez, preveían la construcción de Cines, Piscina y modernas viviendas.
De aquello nada se hizo si hacemos excepción al bloque de viviendas en la esquina de la calle Viriato. El solar público sobrante fue ocupado por el nuevo Juzgado, la Residencia de Ancianos y la nueva Plaza de Abastos, con ello desapareció el antiguo Paseo, quedándonos, a los que lo conocimos, la nostalgia del pasado.
La ciudad morfológicamente a penas se había cambiado desde la intervención del llamado Barrio Nuevo, de los años veinte. Se construyeron viviendas de la acción social llamada de Constantino Parejo, en torno a lo que sería el paseo de la Cruz del Río, y en las eras conocidas como de “Santiago,” se construyeron, los hoy desaparecidos “pisos rojos. Actuación inicial de un ambicioso proyecto que se concretaría con el trazado de una avenida hasta la Plaza de los Conquistadores. No se llegó a completar la idea y hoy nada queda de aquellas intenciones.
Noviembre de 1975, marcó un antes y un después significativo para la historia de nuestra país y para la vida de sus ciudadanos.
Marcado el tiempo por la enfermedad del General en el ambiente se respiraba aires nuevos, el turismo, la emigración, el acceso generalizado a la educación exigían otros modos.
Los Beatles, aunque no estaban bien vistos por la oficialidad, llegaron a España en 1965, cuando el régimen celebraba los 25 años de paz. Recuerdo la fiesta que organizó el ayuntamiento, con calimoche para todos y baile en la Plaza armonizado por nuestro grupo local, “Los Players”, formado por unos animosos jóvenes villanovenses y de grato recuerdo. El día comenzó, como era habitual en este tipo de actos, con una misa de acción de gracia en la Parroquia de Nra Sra de la Asunción; todas las conocidas como fuerzas vivas se dieron cita en tan sagrado lugar. Nuestros ediles de chaqueta blanca, camisa azul y pantalón gris, vamos de uniforme, quiero recordar que se trasladó para presidir el evento al Apóstol Santiago, en procesión desde su ermita, por algo es el Patrón de la ciudad y que en un día de Santiago, de 1938, quedó liberada Villanueva, como nos decían por entonces. La actividad política en la ciudad era escasa, en manos de una minoría, y nula para la mayoría de los ciudadanos, que bastante tenían con subsistir y saturar heridas, que por entonces permanecían abiertas.
En 1966 se había aprobado en referéndum la Ley Orgánica del Estado. De la motivación política de la época, nos da idea el comentario de un viejo votante que decía que votaría Sí porque a ese “referéndum” no lo conocía. Con esta Ley el gobierno cerraba todo el proceso legislativo del régimen surgido después de la guerra civil.
Con la información manipulada por los medios oficiales, a los pueblos llegaban las noticias de la violencia estudiantil en las universidades españolas, que para el poder no eran otra cosa que fruto del contubernio judeo-masónico-comunista que se quería imponer en España, pero la realidad resultó ser otra. Se protestaba ante el hartazgo de dictadura en una Europa democrática.
A partir del verano de 1975, todo se precipitó, el General andaba ya metido en edad y sus achaques eran constantes. Algunos acontecimientos aceleraron todo el proceso. España que ya había emprendido el proceso de descolonización vio seriamente amenazado el territorio del Sahara Occidental, con la conocida “marcha verde” protagonizada por Marruecos, con Franco enfermo, de forma provisional fue el Príncipe Juan Carlos, como Jefe de Estado en funciones, el que marchó a Aiún a alentar a nuestras tropas. La crisis se zanjó, no de buenas maneras, cediendo el territorio a Mauritania y Marruecos.
La enfermedad del General avanzaba sin remedio, no obstante le dejó tiempo para hacer su última aparición pública, como era tradicional el 1 de octubre. En una Plaza de Oriente, abarrotada, de nuevo azuzó contra las coaliciones masónicas-comunistas, tan enemigas de nuestra Patria, para justificar así, las universales protestas por el ajusticiamiento de cinco activistas – de ETA y FRAP- el 27 de septiembre. Fueron las últimas que firmaría.
En España, aunque el número uno de los “Cuarenta Principales” lo copaba “Desmadres 75” con la canción; “Saca el qüiski Cheli” por la radio comenzó a sonar una bella canción de L. Eduardo Aute “Al alba” en la voz melodiosa de Rosa León. Es una melodía que todavía se escucha, disfrazada como canción de amor, pasó por ello la censura, siendo en realidad una soslayada danza de la muerte como protesta por el desatino de los fusilamientos, tan criticados por toda Europa.
El ayuntamiento de Villanueva estaba entonces en manos de D. Luis del Pueyo Cortijo que asumió el cargo en julio de 1974, coincidiendo con el ascenso a Presidente de la Diputación de Badajoz de D. Manuel Romero Cuerda, a la vez que era Procurador en las Cortes.
A partir del referido primero de octubre la vida del General se marchaba a borbotones. Los partes médicos diarios, con el menú del enfermo incluido, levantaban todo tipo de fabulaciones, hasta el señalado día 20 de noviembre, en el que Arias Navarro nos larga la noticia y nos lee el último pensamiento del Caudillo. A partir de entonces todo se precipitaría.
Lo que quedaba atado y bien atado fue una simple metáfora. El monumento legislativo comenzó a desboronase desde las propias cortes franquista, dando entrada y aprobación a la que sería conocida como Ley para la Reforma Política, que a la larga supuso la desaparición del sistema representativo, llamado orgánico, de familia, municipio y sindicato. Posiblemente fue la última vez que D. Manuel Romero Cuerda votara en aquellas Cortes. Murió de forma súbita un 3 de marzo de 1978.
A partir de la aprobación de la citada ley, los movimientos sociales se sucedieron, acelerando el proceso hacia un proyecto democrático que fuera validado por los países del entorno.
A pesar de las trabas que imponía el proceso administrativo, vigente aún del Antigua Régimen, para la legalización de los partidos, el sentimiento popular estaba en la calle. Los Reyes, visitaron Villanueva en marzo de 1977 y en la Plaza se oyeron, entre aplausos, diversas reivindicaciones y hondearon banderas de Extremadura, Por cierto, y como anécdota, a la Reina la pillaron la mano con la puerta del coche, por el excesivo celo de su escolta cuando montaba para marchar hacia D. Benito.
Por primera vez en mi vida acudí a un mitin de carácter político. A Villanueva acudió D. Manuel Fraga Iribarne, un auténtico tótem franquista, aunque catalogado como reformista. Los que habíamos estudiado en el Instituto Laboral, conocíamos a Fraga por sus libros de texto para la Formación del Espíritu Nacional, que apenas entendíamos y si ellos sacábamos algo era por nuestro profesor en la materia, D. Eduardo Cicuendez.
Fue en el cine Las Vegas que se llenó de curiosos por la popularidad del personaje, en el estrado estuvo acompañado por algunas personas, ciudadanos, a los que no quiero nombrar por temor a equivocarme u olvidarme de algunos.
La impresión fue la de un hombre altivo, de fuerte constitución física, de voz atropellada, pero enérgica y viril. Me dio la impresión que él se consideraba el elegido para conducir un proceso que nos llevaría hacia una democracia a su medida, cosa que deduzco por unas palabras suyas a un grupo que asistía en la sala, no los pude identificar, yo seguía el acto desde general, que airados preguntaban por la legalización de los partidos, a los que objetó, ante la insistencia de ellos, de forma radical. Les dijo, como contestando a una impertinencia, “a los socialista, puede, pero de ninguna manera al partidos comunista” Los hechos demostraron que como profeta tenía poco porvenir.
Terminado el acto, abandonó la sala y bajo la mirada de cuantos acudimos por curiosidad, y una fina lluvia, lo vimos alejarse por la calle Díaz Ambrona, envuelto en un elegante loden verde.
Lo que sucedió después, habría que buscarlo en la historia de la Democracia.

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