Rufino Mendoza

Rufino Mendoza
Antonio Barrantes Lozano

El Artista

El Artista

No sabemos si eso de ser artista viene marcado en la sangre. No sabemos si es algo congénito traer impresas ciertas cualidades en el momento de nacer, que se destaparán, al igual que la capacidad de hablar o escuchar, a la vez que nos desarrollamos y vamos tomando posesión de nuestro mundo. No sabemos si el aserto, “lo trae en los genes” es verdad.. Pero hay casos que demuestran que aquellos, que lo afirman, no andan descarriados.
El artista, el que lo es, desde el primer momento lo manifiesta. Es como si una fuerza, que sale de él, lo empujara a sacar lo que lleva dentro, su concepción del entorno, su mundo interior o sus miedos. El artista mira, observa y se manifiesta. Y de la interpretación de lo que ve, hace extrapolación a su obra. Y desde su obra, los demás, nos acercamos a esa persona que es el artista. No busquemos tendencias ni academicismos, el artista es un ser sensible, y ser sensible es poseer una percepción interna de la belleza, es tener sentido, innato, de la belleza. Y esto es lo que pretende transmitir, en lo que se afana a través de su obra.

Cristo de Olimpia

Cristo de Olimpia

En momentos fáciles o difíciles, con formación académica o sin ella, surge el escultor, el pintor o el poeta. Se dice de ellos que “no se hace, se nace” Algo de razón hay, si nos atenemos a la persona, paisano nuestro, de Rufino Mendoza, al que como homenaje y en su memoria le dedica Villanueva un” Espacio Cultural,” próximo a inaugurar en nuestra Plaza de España.
¿Pero, quién era Rufino Mendoza?
Un villanovense, podemos decir, que para la mayoría, que de alguna manera lo conocimos, resultaría suficiente. Pero sería injusto dejarlo apartado ahí, en nuestra memoria, sin hacer partícipe a los más jóvenes, a los que no lo conocieron y sólo tienen de él la referencia de este espacio cultural de la Plaza de España.
No le fue fácil a Rufino Mendoza abrirse paso por la vida, como no les fue a nadie de su época. La Guerra Civil y posteriormente la posguerra fueron períodos difíciles de superar, más si pertenecías al bando de los perdedores, como perteneció su padre, D. Eladio Mendoza Cerrato, que por oposición alcanzó el grado de Secretario del Ayuntamiento, del último Ayuntamiento republicano, y que por sus ideales fue deportado a Castuera y finalmente trasladado a la cárcel comarcal de Villanueva donde encuentra la muerte en 1940. Rufino, al igual que sus hermanas, Isidora y Laura, menores que él, ya eran huérfanos de madre, Dña Laura García Bordallo Chamizo, que murió en 1934, y ahora, con apenas 15 años, pierde a su padre. Circunstancias tan adversas le obligan a arduas tareas, alejadas de otras para las que la naturaleza le había dotado, y su formación se concreta en lo que por entonces pudieran aportarle las clases de la Escuela Sindical de Artes y Oficios. Autodidacta, pues, se aferra a la pintura, que completa con la rotulación, para ganarse la vida.

Paisaje

Paisaje

Implicado de lleno en el mundo artístico, fue requerido en obras de restauración y, desplazado a Madrigalejo para tal fin, allí conoce a la que más tarde sería su mujer, Dña Catalina Mateos Capilla, con la que se casa en 1953.
Quienes bien le conocieron nos hablan de un hombre idealista, altruista y filántropo, y no exento de tientes bohemios, muy propio de la personalidad de todo artista. Amigo de sus amigos, conocido y respetado por todos. Era un personaje que llenaba las calles de Villanueva. Su saber estar, su porte y personalidad hacían de él imposible de pasar desapercibido.
Su estilo con los pinceles, óleo sobre lienzo o esmalte sobre tabla, lo fue perfilando a lo largo de los años a través de su admiración por los clásicos españoles, Velázquez, El Greco o Zurbarán, del que estaba prendido, sin olvidarse de Van Gogh o Dalí.
Trabajó, como escultor, restaurando la estatua del Corazón de Jesús antes de ser instalada en la Plaza que lleva su nombre, que había sido quitada durante la República del Paseo de S. Francisco, su original emplazamiento, y que se encontraba muy deteriorada, trabajo que repitió, años más tarde, a petición de las autoridades municipales.
Como pintor, su faceta artística más lograda, destaca en los paisajes y retratos. Amante de la naturaleza, era un gran aficionado a la pesca, en sus paisajes no suele aparecer el hombre como parte de él; en ellos prevalece el agua, elemento que repite una y otra vez, el agua mansa que tal vez fluye con la cadencia de una suave cascada, y sobre ese remanso de paz, destaca la agresividad de las rocas, puntiagudas, feroces, agrestes, de perfiles cortantes, y entre agua y roca, la vida que se alza y se manifiesta en dos pinos retorcidos, sobre un islote, como milagro, como triunfo de la naturaleza.
Es la obra de un artista en su primavera, pujante, vitalista.

Retrato de José Parejo

Retrato de José Parejo

El contraste de tanta vitalidad la encuentro en otros de sus paisajes, este pertenece a su otoño vital, se encuentra a la entrada del edificio que fue Escuela Pública “Conquistadores”. El mismo tema, otro tratamiento. La luz tamizada, colores apagados, el sol en decadencia, agua tenebrosa, con reflejos de sangre. Ahora los árboles, aunque están, están ajados, se ha perdido la floresta, no dimana optimismo. Es el ocaso. ¿quizá vital?
De entre los temas religiosos, que tanto juego dieron a los clásicos españoles, él se centra en la imagen de Jesús, de Jesús hombre, en la Cruz, ante el escarnio y la muerte, destaco el Cristo de Olimpia, que, como afirma su hija, Lupe, “es uno de sus más sublimes logros”. Es una obra a carboncillo que el pintor realiza con 18 años.
Como retratista perfila el detalle y busca la personalidad del modelo más allá de la simple interpretación fotográfica, a través de un rictus o una mirada. Como se observa en el retrato a su amigo Pepe Parejo, sobre tabla y fechado en 1950.
No quiero dejar olvidado su paso por la Escuela Municipal de Arte que dirige desde finales de los años ochenta y los primeros de los noventa del pasado siglo. En ella dejó constancia de su hacer y su carácter lo plasmó en una serie de trabajos, sencillos e incluso, yo calificaría, ingenuos, pero llenos de intencionalidad y sentido didáctico, que fue dejando por los halls de los distintos colegios de la ciudad. Con colores básicos, el negro o el rojo, dejó dibujos encantadores como resultado de sus clases a los niños de los colegios. Aún se conservan algunos, como el “Baile de las Mayas”, como no, en el Colegio de la Cruz del Río. Sencillez, ingenuidad y color no menoscaban el valor pictórico y cromático de una clase dada por un autodidacta. Su figura señera, con pañuelo al cuello, ocurrente y bohemia, desapareció del paisaje villanovense un 28 de noviembre de 2005, poco antes de cumplir los ochenta años, pues había nacido el 10 Diciembre de 1925. Su recuerdo, y en recuerdo a su memoria, queda plasmado en el nuevo Espacio Escénico “Rufino Mendoza”, con lo que Villanueva lo homenajea.
abarrantes01.wordpress.com

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